UNA MUJER BOCABAJO

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013 OBRA 8

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013
OBRA 8. artecontemporaneoecuador.com/pamela-pazmino/

Despierto incomoda sin saber por qué. Sigo dando vueltas en la cama para lograr dormirme de nuevo y no puedo. Pienso que hace unos días había leído en una revista en internet que si te despiertas en medio de la noche y no puedes dormir, lo mejor es levantarse, salir del cuarto e irse a otra parte de la casa a leer un libro, por ejemplo. Es cuestión de desasociar el cuerpo y acostumbrarle a que la cama es solo para dormir y no para ver televisión, que eso es siempre lo que hago. “Técnicas para evitar las noches de insomnio”, leía el artículo.

Me levanto como quiera. Miro el reloj y son las tres y diez de la madrugada. No es la primera vez que me levanto cerca de esta hora. Es la hora en la que se abren los portales del infierno y los espíritus malignos rondan el camino de los vivos. Me siento en el balcón a leer. Me llevo un libro que he estado leyendo hace una semana sobre como con el control de la memoria y del pasado podría un dictador político alterar el presente y el futuro a su conveniencia. Enciendo un cigarrillo. Afuera llueve y hace frio. Si pudiera controlar la memoria y el pasado, tal vez no sería quien soy hoy ni tuviera la carne trigueña que tengo ni el pelo rizado oscuro que tengo ni los pies pequeños que tengo. Abro el libro en la página trescientos once. Ahora el libro va sobre la policía del pensamiento, control, desviación mental de la población. El viento comienza a soplar fuerte y los arbustos del jardín se sacuden eléctricos. Pierdo la página que estaba leyendo con una ráfaga de viento que golpea el libro. El viento es tan fuerte que me arrebata el cigarrillo de los dedos. Empiezo a buscar otro en la cajetilla y en eso escucho un grito desgarrador. Es un grito de mujer que viene de la cocina. Me levanto de la silla, pero cuando voy a entrar la puerta se cierra en mi cara de un golpe. El grito se repite de nuevo y esta vez mas fuerte, como si la mataran a cuchillazos. Mi corazón comienza a palpitar a millón. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

 Salgo a correr debajo del aguacero que golpea mi cuerpo hasta llegar a la casa vecina. El viento se pone aún más bravo y comienza una tormenta eléctrica; luz blanca y azul retumbando el cielo. Toco la puerta desesperada, pero nadie abre. Torno la cerradura y me doy cuenta de que la puerta está abierta. La abro con cuidado y me muevo con sigilo ¡hasta que escucho el grito otra vez! ahora en la cocina. De seguro si alguien pusiera un espejo frente a mí yo parecería un fantasma del susto. Esto parece una pesadilla. Tiemblo y me sudan las manos. Camino aún más lento. La casa esta oscura por completo, pero una pequeña luz de vela emana de la cocina. Al llegar, la luz de la vela ilumina la sombra del cuerpo sobre el suelo. Una mujer bocabajo.

En el piso hay una mujer convulsando. Volteo el cuerpo boca arriba; veo que tiene los ojos en blanco y espuma le sale por la boca. Detrás de mí escucho el golpe seco de vidrios rotos.

Despierto incomoda. No recuerdo nada de lo que soñé pero tengo un dolor de cabeza que no me deja ni sentir la luz de la lámpara de noche. Son las tres y diez de la madrugada. Tengo la leve sensación de algo ya vivido, déjà vécu. Decido salir al balcón a fumarme un cigarrillo y a leer un poco más de la novela distópica que me acompaña desde hace una semana. El grito de una mujer en la cocina me interrumpe.

” Y en un rincón de aquel infierno vive la llama que aun resiste, que no pudieron apagar…”
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CÓRTAME LA SOMBRA

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“Quiero vivir sin verme.
Y hormigas y vilanos,
soñaré que son mis
hojas y mis pájaros.” – Canción del naranjo – Federico García Lorca

 

I

Espero el autobús fielmente a las seis de la tarde. Los pájaros negros danzan en el cielo. Las horas con calor son eternas. Un hombre se sienta a mi lado. Lee un libro corto y se ve muy metido en la lectura. – ¿Qué lees? – le pregunto, porque la curiosidad me lleva a todas partes, y el hombre se levanta del asiento y declama en voz alta:

“Leñador,

Córtame la sombra

Líbrame del suplicio

De verme sin toronjas”

 

El hombre de chaqueta oscura y cuello alto lee a Lorca, un poema a las naranjas.

-La sombra me persigue- añade el hombre al final cuando termina de leer.

– ¿Qué sombra? –

-la sombra de los días que no estoy con ella, hace dos meses que se fue-

– ¿qué paso con ella?

-consiguió trabajo fuera y se fue del país. –

-entiendo, lo siento mucho por ti, pero que bien por ella ¿no? –

El hombre sonríe.

– ¿Te gustaría un café? hay uno a la vuelta de la esquina-

-claro, vamos-

Ese día perdí el autobús y nunca llegué a casa.

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II

Ahora soy un árbol al que le pesa la sombra y me han quitado todas las naranjas. Esa tarde cuando acepté la invitación del hombre al café, el hombre me contó que era leñador y que tenía una finca de árboles de naranjo. Luego del café, el hombre me invitó a ver la finca que quedaba a las fueras de la ciudad; acepté. La finca parecía infinita de árboles, un espectáculo a la luz del crepúsculo. Aún quedaba tiempo de luz por ser verano así que hicimos un recorrido visitando los árboles favoritos del leñador.

-Aquí esta mi madre enterrada- comentó el leñador.

-en este otro esta mi primera esposa- añadió.

-aquí, mi hija- continuó.

-aquí en este, mi segunda esposa- no dijo nada.

Llegamos al último árbol, el más cerca de la casa. No quise preguntar porque ya me sospechaba la respuesta. En ese árbol de seguro estaba la esposa que se fue a trabajar fuera del país. Hasta ese momento no había caído en cuenta de la situación. Sí, estaba con el leñador, el asesino en serie mas buscado del país. Hace dos meses hubo una joven reportada como desaparecida. La última vez que la vieron fue en la parada de autobús.

-Aquí yace la tercera esposa, fue una mentira blanca eso de que se fue fuera del país a trabajar. Tú serás la siguiente- dijo con voz tranquila y apaciguada.

Yo no podía respirar. No había escapatoria.

-voy a cortar tu cabeza. Es la única manera de liberarte de tu sombra-

– ¿mi sombra? ¿De qué hablas? estás loco-

-la puedo ver detrás del iris de tus ojos, tu no quieres estar viva y esa sombra te persigue. Yo te haré el favor-

Intenté correr, pero fue en vano. Todo oscureció. Se acabó.

Ahora mi cabeza es también raíz de árbol de naranjo.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

PARA ESCUCHAR

Marta Gomez – Canción del naranjo (Lorca)

 

 

LA ERA DEL CALL CENTER

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Bienvenidos al norte del piso décimo con vista a las luces ciegas de la ciudad. Durante las noches trabajo en un call center.

Mi turno de diez de la noche a siete de la mañana acumula ojeras violetas, dolores de estómago, bostezos inconclusos y lecturas fragmentadas e interrumpidas…

por las llamadas de los insomnes caribeños que se bebieron la pastilla de dormir, pero que todavía no les ha hecho efecto. El call center es un centro de muerte.

Bienvenidos a las sillas que moldean tu espalda en U; ya parezco una silla con ruedas si me miran de lado.

La hora muerta es la hora de las risas a carcajadas; tenemos sueño y las palabras salen borrachas de la boca.

Hay unos que estudian durante el día y no duermen nunca, hay otros que beben café como si fuera agua. Somos un manojo de ojeras y movimientos motrices a paso lento; perezosos al ataque con teclado y ratón.

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A veces camino en mi hora del break y doy vueltas por todo el piso para calmar las ganas de romper una ventana con una silla de oficina, lanzarme al vacío y respirar libre, al fin. Se que todos allí se sienten asfixiados, unos más que otros, pero todos, si pudieran, también se tirarían por la ventana

…o cogerían un paperclip y lo pegarían al enchufe de la computadora, y se volverían una con ella; se electrocutarían.

Lo curioso es que la mayoría de los que están allí son artistas peor pues, las cosas están malas y hay que comer y pagar las deudas…  Yo escribo, por ejemplo, hay otros que son diseñadores gráficos, otros artistas plásticos, otros clowns de circos, otros maquillistas profesionales, otros malabaristas de ideas y filósofos, otros trabajan con números y calculan la magia.

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El call center esta veinticuatro horas, siete días a la semana, y no es mejor por el día que durante la noche, en el día las ganas de matarte serán más fuertes; durante la noche serás un búho solitario insomne con cara de zombi y estarás tan casado que también querrás matarte o al menos beberte la botella completa de vino tinto que dejaste en la nevera, a pesar de que sean las seis de la mañana y tengas que ir a trabajar otra vez a las nueve de la noche.

El tiempo muerto lo despejo con distopías, con poemas de la biblioteca, con 1984, con Idea vilariño y Lovercraft. Cada hora me levanto y voy al baño porque la principal función del frio de nevera del edificio es proteger a la computadora, no al pedazo de carne que se sienta frente a ella.

La era del call center es la era de los milleanials y de los centennials recién nacidos en mil noviecientos noventa y siete;

la tecnología es una extensión neuronal en nuestras cabezas y el call center lo sabe.

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El lunes de la semana anterior tomaba un baño y de la oreja me saqué un cable del largo de un 1cm. Parecía que tenía una bocina diminuta en uno de los extremos del cable y en el otro, un conector color dorado que sobresalía. En recursos humanos me explicaron que estaba en mi contrato la implantación de tecnología que, según las necesidades de la empresa, sea en beneficio de la misma. Me reemplazaron el cable por otro.

El call center es un verano infernal con aire acondicionado y comida chatarra a un dólar accesible 24/7. Muérete.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

MUSICA PARA ESCUCHAR:

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban Score: The Knight Bus

 

MI OSCURO PASAJERO

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Mi oscuro pasajero me acompaña todos los días desde el 2014 desde que nací en el 91’ desde que me engendraron en el 90’. Mi oscuro pasajero se llama polvo blanco, se llama cajita de fósforo encendido, se llama tengo el alma prendida en fuego. Mi oscuro pasajero, el que marca mis ojeras, el que no me deja dormir nunca porque no quiero soñar con él, se llama puño en la cara, depresión, psicosis. Mi oscuro pasajero se suicidó en el 2014 con pastillas opioides porque es que la quinta es la vencida. Mi oscuro pasajero fue un rebelde, un rockero ochentero que le encantaba Ozzy Osbourne y fumar porros, y beber Heineken, y meterse perico para seguir escuchando Journey, y fumar más porros y beber más cerveza. Mi oscuro pasajero, no es un hombre, pero es oscuro y me parió. Mi oscuro pasajero escapó a los 17 años de casa y a los 26 me tuvo de un padre alcohólico que le encantaba jugar a los puños con su barriga de: “es nena ¿verdad? mira que esplayá’”. Mi oscuro pasajero es la sombra, es la pesadez, es el fondo inacabable de la tristeza que cargo en mis ojos. Mi oscuro pasajero se llamó Ida, y fue mi madre.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

Sometimes she was just an actress
But you’ll never really know
A shadow moves across her face
You cannot see her soul
Unless she lets you
See her soul