LA ERA DEL CALL CENTER

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Bienvenidos al norte del piso décimo con vista a las luces ciegas de la ciudad. Durante las noches trabajo en un call center.

Mi turno de diez de la noche a siete de la mañana acumula ojeras violetas, dolores de estómago, bostezos inconclusos y lecturas fragmentadas e interrumpidas…

por las llamadas de los insomnes caribeños que se bebieron la pastilla de dormir, pero que todavía no les ha hecho efecto. El call center es un centro de muerte.

Bienvenidos a las sillas que moldean tu espalda en U; ya parezco una silla con ruedas si me miran de lado.

La hora muerta es la hora de las risas a carcajadas; tenemos sueño y las palabras salen borrachas de la boca.

Hay unos que estudian durante el día y no duermen nunca, hay otros que beben café como si fuera agua. Somos un manojo de ojeras y movimientos motrices a paso lento; perezosos al ataque con teclado y ratón.

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A veces camino en mi hora del break y doy vueltas por todo el piso para calmar las ganas de romper una ventana con una silla de oficina, lanzarme al vacío y respirar libre, al fin. Se que todos allí se sienten asfixiados, unos más que otros, pero todos, si pudieran, también se tirarían por la ventana

…o cogerían un paperclip y lo pegarían al enchufe de la computadora, y se volverían una con ella; se electrocutarían.

Lo curioso es que la mayoría de los que están allí son artistas peor pues, las cosas están malas y hay que comer y pagar las deudas…  Yo escribo, por ejemplo, hay otros que son diseñadores gráficos, otros artistas plásticos, otros clowns de circos, otros maquillistas profesionales, otros malabaristas de ideas y filósofos, otros trabajan con números y calculan la magia.

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El call center esta veinticuatro horas, siete días a la semana, y no es mejor por el día que durante la noche, en el día las ganas de matarte serán más fuertes; durante la noche serás un búho solitario insomne con cara de zombi y estarás tan casado que también querrás matarte o al menos beberte la botella completa de vino tinto que dejaste en la nevera, a pesar de que sean las seis de la mañana y tengas que ir a trabajar otra vez a las nueve de la noche.

El tiempo muerto lo despejo con distopías, con poemas de la biblioteca, con 1984, con Idea vilariño y Lovercraft. Cada hora me levanto y voy al baño porque la principal función del frio de nevera del edificio es proteger a la computadora, no al pedazo de carne que se sienta frente a ella.

La era del call center es la era de los milleanials y de los centennials recién nacidos en mil noviecientos noventa y siete;

la tecnología es una extensión neuronal en nuestras cabezas y el call center lo sabe.

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El lunes de la semana anterior tomaba un baño y de la oreja me saqué un cable del largo de un 1cm. Parecía que tenía una bocina diminuta en uno de los extremos del cable y en el otro, un conector color dorado que sobresalía. En recursos humanos me explicaron que estaba en mi contrato la implantación de tecnología que, según las necesidades de la empresa, sea en beneficio de la misma. Me reemplazaron el cable por otro.

El call center es un verano infernal con aire acondicionado y comida chatarra a un dólar accesible 24/7. Muérete.

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MUSICA PARA ESCUCHAR:

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban Score: The Knight Bus

 

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