El ex en reply (II parte de Maldita heteronormatividad)

El ex en reply llegó más queer que nunca. Parece que el año en Portland siendo un punko skinhead le abrió el espíritu a conocer otras aguas, who knows. Hace un año apareció antes de irse del país y esta vez cuando volvió me confesó:

“.. no fuiste el último polvo que tuve antes de irme”.

 Siempre he apreciado su honestidad … como te la hacen creer, ¿no? y el en full disclousure de:

 “Esta es una jeva que tengo aquí en PR”,

 cuando le suena el teléfono en medio de la conversación, confirmando lo que ya se sabe…

 “si no me cogió el teléfono ayer …”, me dice, y desliza la pantalla para la izquierda y engancha la llamada.

 No te preocupes papito, que yo estoy aquí para cuando ninguna de la lista de tus contactos te coja el teléfono porque es que hay masoquistas que adoramos el punk love en reply.

Siempre vuelve. Si se pelea con la jeva, vuelve, si esta borracho y espitiao’ y no consiguió felpa esa noche, vuelve (pero yo no le contesto), si llama a la jeva de turno y no le contesta … vuelve. Lo recibo con las puertas abiertas y dejo que se ahogue en el mar profundo de mis piernas, que se deshaga de lo que le duele, que me muerda el alma y la abrase. Me desborda.

 “I indulge myself with you”, le digo.

Eres el bacon triple de mcdonald

que no debo comer

pero que cuando estoy triste

me lo jalto‘.

 Eres el volcán de church

que me como

cuando estoy ovulando

y necesito chocolate

de vida o muerte.

 Eres el chichaito con medalla

que tanto odio y amo a la vez,

en ese orden.

Mofongo de pollo guisao’

a las siete de la mañana.

Mogolla de galletas export sodas

y mantequilla.

Tripleta en pan de mallorca

para bajar la borrachera.

 Eres la cajetilla de

 winstons o malboros que

me fumo cuando estoy pica’.

 Eso eres.

El exceso,

el desenfreno,

 la lujuria de tenerte adentro

 y voltear los ojos

 y no saber dónde estoy,

 nunca más.

¿Los tantristas lo sentirán así?

 Me pregunto cuando

 llegaremos al Nirvana.

O tal vez así se siente

cuando haces heroína

y te caes al piso.

Me contó que su ex jeva (no por la que me dejó hace dos años …) soñó que habían tenido una bebe juntos y que ahora ella no lo deja de llamar … que sigue intentando quitarse de la coca pero que estar en PR es la perdición … que lo botaron del trabajo pero que ahora va a trabajar en la industria del cannabis. Que tiene treinta años.

“Yo cumplo veintiocho ya mismo”, digo.  

  “¿y cómo vas a tener un bebé si no puedes ni contigo mismo?”, le cuestiono.

Tal vez el ex en reply piensa que la salvación se encuentra en la utopía de la familia. Lo único que aplaudí fue a una ex jeva transexual que le rompió el corazón.

Me despide con un beso de “quisiera quedarme”.

 Le digo adios como si se fuera para la guerra fría y estuviéramos en una película romántica de 1950.

Acepto que nunca estaremos juntos porque merezco algo mejor.

 Prefiero que sea así, en reply una sola vez al año.

Ahora voy a comprarme el bacon triple que prometí no comerme después de escribir esto.

PARA ESCUCHAR …
“Descubrir al girar
que no hay sangre ni amor
y aunque puedas flotar
humo no es calor …”
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Hija del capitalismo aplastante

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Como parte del curso de redacción: crónica en Plaza Las Américas

I.
Este año Plaza Las Américas celebra cincuenta años de apertura. Desde 1967, cuando los hermanos Fonalledas decidieron construir el primer centro comercial en el país, Plaza las Américas ha sido el “centro de todos”, para la comunidad y la familia.

       Caminar por los pasillos infinitamente laberínticos es un reto, siempre me pierdo. He caminado todo el centro comercial en busca de algo tan y tan específico que nunca encuentro nada porque me rindo de caminar. Mi sentido de dirección en el mall es pésimo. Y qué decir del estacionamiento: 4 de las 5 veces que voy al mall al año, nunca encuentro mi auto en el mar ridículo de carros estacionados unos al lado de otros, ocupando espacio nulo de gratis.

     A veces pienso que, si tal vez se pudieran construir avenidas al aire libre con comercios a ambos lados en todas las tierras ocupadas por los   multipisos, y si tal vez se tuviera una planificación de movilidad ideada para la accesibilidad del transporte público, no tuviera que venir al mall en auto ni perdería tiempo buscando una kia soul gris en el medio de la nada. Hay que volver a apropiarse de las calles. El centro comercial promueve un estilo de compra en masas que solo le beneficia al centro comercial.

       ¿Qué hace que este centro comercial sea el más importante en el caribe, siendo parte del monopolio Plaza del Caribe en Ponce, Tres Monjitas, Starbucks, Cream & Softy, y otras compañías de retail y de realty?

     Cae nieve artificial en la plaza central y Santa Claus se toma fotos con los hijos queridos del 84% de los puertorriqueños del área metropolitana que lo visitan. Aunque la isla sea 100×35, relativamente pequeña, al crecer en Aibonito, pueblo en el centro sureste de la isla, nunca fui a Plaza Las Américas de niña ni de adolescente. Aunque de seguro fue parte de las salidas con amigos y las fotos en MySpace de mucha gente de mi generación, para mí el mall más lejos que podía visitar siempre fue el de Las Catalinas en el pueblo de Caguas y si era que el carro no se nos apagaba en la autopista.

       La economía del país se sostiene en lo que representa Plaza Las Américas:  comunidad, arte, familia. Brinda la ilusión de orden, de que todo está bien, aun después del huracán María y de la depresión económica que sufre la isla, al menos los jóvenes que aún restan en la isla (que viven o semudan a San Juan) pueden trabajar al mínimo y con condiciones inestables de empleo. Al menos puedes ir y sentarte en la fuente frente a Macys, que gracias al financiamiento más grande que ha hecho el primer banco del gobierno en la historia, de doscientosciecuentamil, fue traído a ustedes, a los consumidores más agresivos de las islas mayores y menores del mar caribe.

II.

         Ya no está Borders, pero ahora está la Librería Norberto. Encuentro un libro de Rilke, Versos de un joven poeta. Discuten allí la primera publicación de una periodista muy importante en el país sobre un caso de violencia de género y abuso de poder. Es sobre un escándalo del alcalde del pueblo más rico en la isla, que forma parte del partido político azul, partido que los Fonalledas apoyan con donaciones y compras de terreno por la mitad del precio justo sin irse a subasta y con contrato directo…

            Antes de llegar allí había entrado a una tienda de espejuelos, pero, aunque tengo que llevarlos puestos todo el tiempo, me aburrí rápidamente porque me parecieron todas las monturas iguales y ridículamente caras para algo que debería ser económicamente accesible al ser una necesidad médica con la cual no puedes ni guiar, ni trabajar, ni vivir…

           Por eso la gente prefiere ahora comprar los espejuelos online, como muchas otras cosas, ¿qué hará el centro comercial para sobrevivir? ¿Morirá el centro comercial? De seguro los viejitos continuarán yendo a la “Terraza” a sentarse allí a jugar dominó y a ver a la gente pasar. De seguro continuarán los viejitos yendo a plaza a hacer ejercicios en tenis ortopédicos y bastó. ¿Pero cuando la última generación de viejitos del mall desaparezca?

          Las tiendas se cansarán de lanzar especiales, la nieve artificial caerá para ningún niño en la plaza central, Santa Claus solo se tomará fotos con los mismos duendes que trabajan con él.

          Ya es hora de moverse a otra economía que no sea la de entregarle todo nuestro dinero y nuestros impuestos a un solo centro económico y a una sola familia que domina el monopolio. Ya es hora de devolverle las calles a los pedestres y que se promueva un tipo de espacio comercial al aire libre, como el Paseo De Diego, tan muerto en Rio Piedras, o las plazas de mercado.

        Al final, después de caminar durante una hora y media en el centro comercial, me compré un té frio de hibiscos y mangó en Starbucks y estuve al menos quinceminutos buscando mi guagua en el multipisos. Me había equivocado de piso y la guagua estaba en el piso de abajo. Cuando la encontré al fin, un guardia en motora de guardia palito en centro comercial me dio tremendo susto cuando se paró frente a mí y me dijo:

– “ah, le había dicho por walkie talkie al compañero que estaba sonando la alarma de una guagua, que bueno que la encontraste”.

–  respondí confundida …

“sí sí, es que me equivoqué de piso, gracias”.

    sonreí, me monté en la guagua y puse el aire acondicionado al máximo.

¡Qué calor!

Soy hija del capitalismo aplastante.

PARA ESCUCHAR … “dame un momento pa’ probar de que estoy echo oh oh eh eh …” 

LA ERA DEL CALL CENTER

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Bienvenidos al norte del piso décimo con vista a las luces ciegas de la ciudad. Durante las noches trabajo en un call center.

Mi turno de diez de la noche a siete de la mañana acumula ojeras violetas, dolores de estómago, bostezos inconclusos y lecturas fragmentadas e interrumpidas…

por las llamadas de los insomnes caribeños que se bebieron la pastilla de dormir, pero que todavía no les ha hecho efecto. El call center es un centro de muerte.

Bienvenidos a las sillas que moldean tu espalda en U; ya parezco una silla con ruedas si me miran de lado.

La hora muerta es la hora de las risas a carcajadas; tenemos sueño y las palabras salen borrachas de la boca.

Hay unos que estudian durante el día y no duermen nunca, hay otros que beben café como si fuera agua. Somos un manojo de ojeras y movimientos motrices a paso lento; perezosos al ataque con teclado y ratón.

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A veces camino en mi hora del break y doy vueltas por todo el piso para calmar las ganas de romper una ventana con una silla de oficina, lanzarme al vacío y respirar libre, al fin. Se que todos allí se sienten asfixiados, unos más que otros, pero todos, si pudieran, también se tirarían por la ventana

…o cogerían un paperclip y lo pegarían al enchufe de la computadora, y se volverían una con ella; se electrocutarían.

Lo curioso es que la mayoría de los que están allí son artistas peor pues, las cosas están malas y hay que comer y pagar las deudas…  Yo escribo, por ejemplo, hay otros que son diseñadores gráficos, otros artistas plásticos, otros clowns de circos, otros maquillistas profesionales, otros malabaristas de ideas y filósofos, otros trabajan con números y calculan la magia.

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El call center esta veinticuatro horas, siete días a la semana, y no es mejor por el día que durante la noche, en el día las ganas de matarte serán más fuertes; durante la noche serás un búho solitario insomne con cara de zombi y estarás tan casado que también querrás matarte o al menos beberte la botella completa de vino tinto que dejaste en la nevera, a pesar de que sean las seis de la mañana y tengas que ir a trabajar otra vez a las nueve de la noche.

El tiempo muerto lo despejo con distopías, con poemas de la biblioteca, con 1984, con Idea vilariño y Lovercraft. Cada hora me levanto y voy al baño porque la principal función del frio de nevera del edificio es proteger a la computadora, no al pedazo de carne que se sienta frente a ella.

La era del call center es la era de los milleanials y de los centennials recién nacidos en mil noviecientos noventa y siete;

la tecnología es una extensión neuronal en nuestras cabezas y el call center lo sabe.

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El lunes de la semana anterior tomaba un baño y de la oreja me saqué un cable del largo de un 1cm. Parecía que tenía una bocina diminuta en uno de los extremos del cable y en el otro, un conector color dorado que sobresalía. En recursos humanos me explicaron que estaba en mi contrato la implantación de tecnología que, según las necesidades de la empresa, sea en beneficio de la misma. Me reemplazaron el cable por otro.

El call center es un verano infernal con aire acondicionado y comida chatarra a un dólar accesible 24/7. Muérete.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

MUSICA PARA ESCUCHAR:

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban Score: The Knight Bus

 

EL QUE JUEGA CON FUEGO

Salgo del trabajo con la ansiedad a tope, con ganas de mandarlo todo a la mierda e irme al carajo. Me monto en el carro y enciendo un cigarrillo rojo e inhalo profundo el humo como si fuera un pez fuera del agua. Decido ir a un lugar secreto que conozco al cual a veces voy a distraerme con la vista panorámica de la ciudad. Desde ahí puedo ver el edificio donde trabajo.

Confieso que a veces me siento sobre la grama a mirar el horizonte e imagino que ante mis ojos el edificio estalla en mil pedazos y yo salto de alegría y hasta lloro de la emoción.

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Para llegar allí tienes que subir una cuesta en dirección a la “Hacienda Los Matojales”, y rápido a la derecha hay un estacionamiento y un cartel que dice: “Mirador La Torre”.

Me estaciono y camino rápido por la cera para entrar al mirador; muero de ansias de fumarme otra cigarrillo. Me gusta visitar este lugar porque nunca hay nadie, de hecho, el lugar esta clausurado; nadie sabe las verdaderas razones de porqué lo cerraron, pero la gente del barrio no deja de repetir que lo cerraron porque alguien murió ahí, no se sabe si a propósito o accidental. Yo no hago caso a los rumores. Camino para sentarme en el lugar de siempre y cuando estoy a penas a cinco pasos veo un reguero de moscas concentradas en danzarle a una gallina negra muerta.

Frente a la gallina había un plato semi-hondo de madera que guardaba maíz seco y almendras. Parecía una ofrenda. Salí corriendo del lugar.

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No porque tuviera mala espina, solo por respeto, por no incumbir en la energía de un ritual comprometido con el sacrificio de una vida. Cuando llegué a casa le conté a mis compañeros de piso lo que había presenciado y ninguno pareció creerme del todo. Uno de ellos me dijo: “eso es mala suerte… ¿qué son las semillas?, comienzos, ¿qué es la gallina? muerte a esos comienzos. Mala suerte”. El otro compañero de piso me dijo que de seguro todo fue una casualidad y no una causalidad visual como creía. yo insistí en que lo que vi sí fue cierto así que prometí  volver al lugar a tomarle una foto a la gallina con el plato de madera y las semillas.

Al otro día cuando volví me encontré con lo inesperado. Ahora no solo estaba allí la gallina y el plato de madera, ahora estaba siendo testigo de cómo un algo, un ente, un quéseyo’ que parecía humano, pero no lo era, yo sentía que no lo era; ahora estaba viendo como ese quéseyo’, la cosa esa vestida de blanco, se comía la gallina y se echaba puñados de maíz y almendras a la boca.

Por instantes sordos que me parecieron infinitos, cruce miradas con este ser que tanto puede ser un demonio como un extraterrestre, cualquiera de las dos cosas, y vi el éxtasis en sus ojos mientras chupaba sangre del cuello de la gallina. Bajé la mirada, pero la criatura continúo comiendo con gusto.

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Retrocedí lentamente intentando hacer el menos ruido posible y cuando lo sentí propicio, salí corriendo del lugar. Cuando llegué a casa mentí y acepté que era verdad, que todo había sido una casualidad y que la gallina ya no estaba. Me recomendaron dejar de ver películas de terror.

Esa noche tuve el sueño más extraño. Soñé con una casucha que se encontraba en el medio de un valle rodeado de montañas y árboles. Llovía a cántaros y yo caminaba hacia la casucha; la tierra parecía que se iba a abrir en dos de tan fuerte que azotaba la lluvia contra el suelo. Cuando llegué a la casucha, la puerta de paja estaba abierta y al asomarme lo que vi fue una mesa larguísima y un hombre vestido de blanco sentado al final de la mesa. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre que estaba comiéndose lo que parecía un guisado de gallina con maíz y leche de almendra. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre.

El hombre de blanco comía a toda velocidad hasta que, de golpe, paró de comer, me miró directamente a los ojos y me dijo: “no eres la única a la que le gusta soñar con edificios prendidos en fuego”.

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Desperté sudando y con las manos temblorosas. Son las seis de la mañana y tengo que ir a trabajar. Me doy una ducha con agua caliente e intento ignorar las imágenes aleatorias y yuxtapuestas en mi cabeza del hombre, cosa, queseyo, demonio o extraterrestre que pareció visitarme la noche anterior. De camino al trabajo el noticiero mañanero interrumpe la música de la radio y escucho lo increíble: “nos acaban de informar que ahora mismo hay un edificio prendido en fuego, sí, me confirman que es el Banco Colonial, las seguridades nacionales advierten a los ciudadanos a no acercarse a la zona cero del desastre…”

Sorprendida por la noticia y sin saber qué hacer, decido volver a casa. Le escribo un mensaje a mi jefa preguntando qué hacer y contesta que me quede en casa, que me mantendrá informada. Le doy vueltas al sueño que tuve la noche anterior mientras me bebo un té de limón y me fumo un cigarrillo y me parece surreal y terrible.

 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

THE USED-LIAR LIAR (BURN IN HELL)