Cuentos

El que juega con fuego

Salgo del trabajo con la ansiedad a tope, con ganas de mandarlo todo a la mierda e irme al carajo. Me monto en el carro y enciendo un cigarrillo rojo e inhalo profundo el humo como si fuera un pez fuera del agua. Decido ir a un lugar secreto que conozco al cual a veces voy a distraerme con la vista panorámica de la ciudad. Desde ahí puedo ver el edificio donde trabajo.

Confieso que a veces me siento sobre la grama a mirar el horizonte e imagino que ante mis ojos el edificio estalla en mil pedazos y yo salto de alegría y hasta lloro de la emoción.

Image result for edificio en llamas

Para llegar allí tienes que subir una cuesta en dirección a la “Hacienda Los Matojales”, y rápido a la derecha hay un estacionamiento y un cartel que dice: “Mirador La Torre”.

Me estaciono y camino rápido por la cera para entrar al mirador; muero de ansias de fumar en la pipa. Me gusta visitar este lugar porque nunca hay nadie, de hecho, el lugar esta clausurado; nadie sabe las verdaderas razones de porque lo cerraron, pero la gente del barrio no deja de repetir que lo cerraron porque alguien murió ahí, no se sabe si a propósito o accidental. Yo no hago caso a los rumores. Camino para sentarme en el lugar de siempre y cuando estoy a penas a cinco pasos veo un reguero de moscas concentradas en danzarle a una gallina negra muerta.

 

Frente a la gallina había un plato semi-hondo de madera que guardaba maíz seco y almendras. Parecía una ofrenda. Salí corriendo del lugar.

Image result for gallina negra

No porque tuviera mala espina, solo por respeto, por no incumbir en la energía de un ritual comprometido con el sacrificio de una vida. Cuando llegué a casa le conté a mis compañeros de piso lo que había presenciado y ninguno pareció creerme del todo. Uno de ellos me dijo: “eso es mala suerte… ¿qué son las semillas?, comienzos, ¿qué es la gallina? muerte a esos comienzos. Mala suerte”. El otro compañero de piso me dijo que de seguro todo fue una casualidad y no una causalidad visual como creía. yo insistí en que lo que vi sí fue cierto así que prometí  volver al lugar a tomarle una foto a la gallina con el plato de madera y las semillas.

Al otro día cuando volví encontré con lo inesperado. Ahora no solo estaba allí la gallina y el plato de madera, ahora estaba siendo testigo de cómo un algo, un ente, un queseyo que parecía humano, pero no lo era, yo sentía que no lo era; ahora estaba viendo como ese queseyo, la cosa esa vestida de blanco, se comía la gallina y se echaba puñados de maíz y almendras a la boca.

Por instantes sordos que me parecieron infinitos, cruce miradas con este ser que tanto puede ser un demonio como un extraterrestre, cualquiera de las dos cosas, y vi el éxtasis en sus ojos mientras chupaba sangre del cuello de la gallina. Bajé la mirada, pero la criatura continúo comiendo con gusto.

Image result for eyes fire

Retrocedí lentamente intentando hacer el menos ruido posible y cuando lo sentí propicio, salí corriendo del lugar. Cuando llegué a casa mentí y acepté que era verdad, que todo había sido una casualidad y que la gallina ya no estaba. Me recomendaron dejar de ver películas de terror.

Esa noche tuve el sueño más extraño. Soñé con una casucha que se encontraba en el medio de un valle rodeado de montañas y árboles. Llovía a cántaros y yo caminaba hacia la casucha; la tierra parecía que se iba a abrir en dos de tan fuerte que azotaba la lluvia contra el suelo. Cuando llegué a la casucha, la puerta de paja estaba abierta y al asomarme lo que vi fue una mesa larguísima y un hombre vestido de blanco sentado al final de la mesa. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre que estaba comiéndose lo que parecía un guisado de gallina con maíz y leche de almendra. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre.

     El hombre de blanco comía a toda velocidad hasta que, de golpe, paró de comer, me miró directamente a los ojos y me dijo: “no eres la única a la que le gusta soñar con edificios prendidos en fuego”.

 

Image result for hombre santeria

Desperté sudando y con las manos temblorosas. Son las seis de la mañana y tengo que ir a trabajar. Me doy una ducha con agua caliente e intento ignorar las imágenes aleatorias y yuxtapuestas en mi cabeza del hombre, cosa, queseyo, demonio o extraterrestre que pareció visitarme la noche anterior. De camino al trabajo el noticiero mañanero interrumpe la música de la radio y escucho lo increíble: “nos acaban de informar que ahora mismo hay un edificio prendido en fuego, sí, me confirman que es el Banco Colonial, las seguridades nacionales advierten a los ciudadanos a no acercarse a la zona cero del desastre…”

Sorprendida por la noticia y sin saber qué hacer, decido volver a casa. Le escribo un mensaje a mi jefa preguntando qué hacer y contesta que me quede en casa, que me mantendrá informada. Le doy vueltas al sueño que tuve la noche anterior mientras me bebo un té de limón y me fumo un cigarrillo y me parece surreal y terrible.

 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

THE USED – LIAR LIAR (BURN IN HELL)

 

Advertisements