UNA MUJER BOCABAJO

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013 OBRA 8

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013
OBRA 8. artecontemporaneoecuador.com/pamela-pazmino/

Despierto incomoda sin saber por qué. Sigo dando vueltas en la cama para lograr dormirme de nuevo y no puedo. Pienso que hace unos días había leído en una revista en internet que si te despiertas en medio de la noche y no puedes dormir, lo mejor es levantarse, salir del cuarto e irse a otra parte de la casa a leer un libro, por ejemplo. Es cuestión de desasociar el cuerpo y acostumbrarle a que la cama es solo para dormir y no para ver televisión, que eso es siempre lo que hago. “Técnicas para evitar las noches de insomnio”, leía el artículo.

Me levanto como quiera. Miro el reloj y son las tres y diez de la madrugada. No es la primera vez que me levanto cerca de esta hora. Es la hora en la que se abren los portales del infierno y los espíritus malignos rondan el camino de los vivos. Me siento en el balcón a leer. Me llevo un libro que he estado leyendo hace una semana sobre como con el control de la memoria y del pasado podría un dictador político alterar el presente y el futuro a su conveniencia. Enciendo un cigarrillo. Afuera llueve y hace frio. Si pudiera controlar la memoria y el pasado, tal vez no sería quien soy hoy ni tuviera la carne trigueña que tengo ni el pelo rizado oscuro que tengo ni los pies pequeños que tengo. Abro el libro en la página trescientos once. Ahora el libro va sobre la policía del pensamiento, control, desviación mental de la población. El viento comienza a soplar fuerte y los arbustos del jardín se sacuden eléctricos. Pierdo la página que estaba leyendo con una ráfaga de viento que golpea el libro. El viento es tan fuerte que me arrebata el cigarrillo de los dedos. Empiezo a buscar otro en la cajetilla y en eso escucho un grito desgarrador. Es un grito de mujer que viene de la cocina. Me levanto de la silla, pero cuando voy a entrar la puerta se cierra en mi cara de un golpe. El grito se repite de nuevo y esta vez mas fuerte, como si la mataran a cuchillazos. Mi corazón comienza a palpitar a millón. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

 Salgo a correr debajo del aguacero que golpea mi cuerpo hasta llegar a la casa vecina. El viento se pone aún más bravo y comienza una tormenta eléctrica; luz blanca y azul retumbando el cielo. Toco la puerta desesperada, pero nadie abre. Torno la cerradura y me doy cuenta de que la puerta está abierta. La abro con cuidado y me muevo con sigilo ¡hasta que escucho el grito otra vez! ahora en la cocina. De seguro si alguien pusiera un espejo frente a mí yo parecería un fantasma del susto. Esto parece una pesadilla. Tiemblo y me sudan las manos. Camino aún más lento. La casa esta oscura por completo, pero una pequeña luz de vela emana de la cocina. Al llegar, la luz de la vela ilumina la sombra del cuerpo sobre el suelo. Una mujer bocabajo.

En el piso hay una mujer convulsando. Volteo el cuerpo boca arriba; veo que tiene los ojos en blanco y espuma le sale por la boca. Detrás de mí escucho el golpe seco de vidrios rotos.

Despierto incomoda. No recuerdo nada de lo que soñé pero tengo un dolor de cabeza que no me deja ni sentir la luz de la lámpara de noche. Son las tres y diez de la madrugada. Tengo la leve sensación de algo ya vivido, déjà vécu. Decido salir al balcón a fumarme un cigarrillo y a leer un poco más de la novela distópica que me acompaña desde hace una semana. El grito de una mujer en la cocina me interrumpe.

” Y en un rincón de aquel infierno vive la llama que aun resiste, que no pudieron apagar…”
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El ex en reply (II parte de Maldita heteronormatividad)

El ex en reply llegó más queer que nunca. Parece que el año en Portland siendo un punko skinhead le abrió el espíritu a conocer otras aguas, who knows. Hace un año apareció antes de irse del país y esta vez cuando volvió me confesó:

“.. no fuiste el último polvo que tuve antes de irme”.

 Siempre he apreciado su honestidad … como te la hacen creer, ¿no? y el en full disclousure de:

 “Esta es una jeva que tengo aquí en PR”,

 cuando le suena el teléfono en medio de la conversación, confirmando lo que ya se sabe…

 “si no me cogió el teléfono ayer …”, me dice, y desliza la pantalla para la izquierda y engancha la llamada.

 No te preocupes papito, que yo estoy aquí para cuando ninguna de la lista de tus contactos te coja el teléfono porque es que hay masoquistas que adoramos el punk love en reply.

Siempre vuelve. Si se pelea con la jeva, vuelve, si esta borracho y espitiao’ y no consiguió felpa esa noche, vuelve (pero yo no le contesto), si llama a la jeva de turno y no le contesta … vuelve. Lo recibo con las puertas abiertas y dejo que se ahogue en el mar profundo de mis piernas, que se deshaga de lo que le duele, que me muerda el alma y la abrase. Me desborda.

 “I indulge myself with you”, le digo.

Eres el bacon triple de mcdonald

que no debo comer

pero que cuando estoy triste

me lo jalto‘.

 Eres el volcán de church

que me como

cuando estoy ovulando

y necesito chocolate

de vida o muerte.

 Eres el chichaito con medalla

que tanto odio y amo a la vez,

en ese orden.

Mofongo de pollo guisao’

a las siete de la mañana.

Mogolla de galletas export sodas

y mantequilla.

Tripleta en pan de mallorca

para bajar la borrachera.

 Eres la cajetilla de

 winstons o malboros que

me fumo cuando estoy pica’.

 Eso eres.

El exceso,

el desenfreno,

 la lujuria de tenerte adentro

 y voltear los ojos

 y no saber dónde estoy,

 nunca más.

¿Los tantristas lo sentirán así?

 Me pregunto cuando

 llegaremos al Nirvana.

O tal vez así se siente

cuando haces heroína

y te caes al piso.

Me contó que su ex jeva (no por la que me dejó hace dos años …) soñó que habían tenido una bebe juntos y que ahora ella no lo deja de llamar … que sigue intentando quitarse de la coca pero que estar en PR es la perdición … que lo botaron del trabajo pero que ahora va a trabajar en la industria del cannabis. Que tiene treinta años.

“Yo cumplo veintiocho ya mismo”, digo.  

  “¿y cómo vas a tener un bebé si no puedes ni contigo mismo?”, le cuestiono.

Tal vez el ex en reply piensa que la salvación se encuentra en la utopía de la familia. Lo único que aplaudí fue a una ex jeva transexual que le rompió el corazón.

Me despide con un beso de “quisiera quedarme”.

 Le digo adios como si se fuera para la guerra fría y estuviéramos en una película romántica de 1950.

Acepto que nunca estaremos juntos porque merezco algo mejor.

 Prefiero que sea así, en reply una sola vez al año.

Ahora voy a comprarme el bacon triple que prometí no comerme después de escribir esto.

PARA ESCUCHAR …
“Descubrir al girar
que no hay sangre ni amor
y aunque puedas flotar
humo no es calor …”

¡Maldita heteronormatividad! y de porqué lo bloqueaste en IG

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by Mix in Apps thenextweb.com

I

Rompe el ciclo. Rompe el ciclo. Aléjate. Deja de seguirlo. ¿para qué? No contribuye en nada. Un polvo idílico, utópico. Las cosas demasiado buenas nunca duran lo suficiente, son fugaces, tú lo sabes. Pero te duele. ¿orgullo? ¿celos? ¿en donde caben? Solo fueron dos meses, un honeymoonfase y después te dejó porque seguía queriendo a su ex, así de fácil. Y después te lo tiraste antes de que se fuera del país porque …

 ¿Te dio penita? después del huracán …

 O es porque simplemente estas locas y repites patrones sin darte cuenta y te metes con mediocres manipuladores emocionales…

Para colmo le encanta la cocaína y beber …

Igualito al último esposo de tu madre antes de que ella muriera, o se hiciera morir a ella misma, nadie quiere saber. Tienes que dejarlo ir.

II

Creo que esa de la foto en el storie de él es la novia, la última novia con la que estuvo, por la que se fue del país … para colmo trabaja donde trabajas y hasta creo que la has visto en Tinder y le has dado like… no sé porque le sigues dando casco a la cosa. ¿Esto fue cuando? ¿en el 2017? Joder. Te frustra haberlo pasado tan rico y que después de él, no hayas encontrado a nadie con la dedicación y paciencia con la que él te complacía en todo …

Las historias nunca son duales, no existe el ying/yang, ni nada es blanco y negro, la zona gris de esta historia es que no has conocido a nadie que te coma y te complazca como él.

El descubrió el punto.

 Te hizo consciente de las muchas veces que podías venirte si querías.

Abrió la fuente.

Nadie la ha vuelto a abrir, no como él.

Te comió tan bien que se alimentó de tu energía por dos meses y luego, ¡Zas!:

 “Ya no puedo seguir contigo porque sigo queriendo a mi ex”, algo que sabíamos desde el principio …

 Desde el inicio le propusiste ser fuck partners para tú tener la libertad de seguir compartiendo con otras personas y que él tuviera el espacio de resolver con su ex, pero no, él quería que tu estuvieras con él de forma“exclusiva” mientras él seguía hablando con su ex y seguía con el Tinder on fire. Te tuvo a tientas dos meses en el vacío del placer y cuando reclamaste el derecho de tener ese placer con otros/as, te dejaron caer en picada libre. Su ex se las pegaba, el se las pegaba a su ex…¿por qué seguir en ciclos tóxicos de pegaeras y cuernos si podemos vivir felices los tres, los cuatro …?

Lo bloqueaste en IG porque te duele el silencio, porque sabes que nunca te quiso y porque te duele haber sido tan tonta de creer que te iba a querer tanto, al punto de retar su masculinidad posesiva.

Maldita heteronormatividad tóxica.

 Malditos los social medias, ventanas a la nostalgia mísera.

Para escuchar … 

Hija del capitalismo aplastante

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Como parte del curso de redacción: crónica en Plaza Las Américas

I.
Este año Plaza Las Américas celebra cincuenta años de apertura. Desde 1967, cuando los hermanos Fonalledas decidieron construir el primer centro comercial en el país, Plaza las Américas ha sido el “centro de todos”, para la comunidad y la familia.

       Caminar por los pasillos infinitamente laberínticos es un reto, siempre me pierdo. He caminado todo el centro comercial en busca de algo tan y tan específico que nunca encuentro nada porque me rindo de caminar. Mi sentido de dirección en el mall es pésimo. Y qué decir del estacionamiento: 4 de las 5 veces que voy al mall al año, nunca encuentro mi auto en el mar ridículo de carros estacionados unos al lado de otros, ocupando espacio nulo de gratis.

     A veces pienso que, si tal vez se pudieran construir avenidas al aire libre con comercios a ambos lados en todas las tierras ocupadas por los   multipisos, y si tal vez se tuviera una planificación de movilidad ideada para la accesibilidad del transporte público, no tuviera que venir al mall en auto ni perdería tiempo buscando una kia soul gris en el medio de la nada. Hay que volver a apropiarse de las calles. El centro comercial promueve un estilo de compra en masas que solo le beneficia al centro comercial.

       ¿Qué hace que este centro comercial sea el más importante en el caribe, siendo parte del monopolio Plaza del Caribe en Ponce, Tres Monjitas, Starbucks, Cream & Softy, y otras compañías de retail y de realty?

     Cae nieve artificial en la plaza central y Santa Claus se toma fotos con los hijos queridos del 84% de los puertorriqueños del área metropolitana que lo visitan. Aunque la isla sea 100×35, relativamente pequeña, al crecer en Aibonito, pueblo en el centro sureste de la isla, nunca fui a Plaza Las Américas de niña ni de adolescente. Aunque de seguro fue parte de las salidas con amigos y las fotos en MySpace de mucha gente de mi generación, para mí el mall más lejos que podía visitar siempre fue el de Las Catalinas en el pueblo de Caguas y si era que el carro no se nos apagaba en la autopista.

       La economía del país se sostiene en lo que representa Plaza Las Américas:  comunidad, arte, familia. Brinda la ilusión de orden, de que todo está bien, aun después del huracán María y de la depresión económica que sufre la isla, al menos los jóvenes que aún restan en la isla (que viven o semudan a San Juan) pueden trabajar al mínimo y con condiciones inestables de empleo. Al menos puedes ir y sentarte en la fuente frente a Macys, que gracias al financiamiento más grande que ha hecho el primer banco del gobierno en la historia, de doscientosciecuentamil, fue traído a ustedes, a los consumidores más agresivos de las islas mayores y menores del mar caribe.

II.

         Ya no está Borders, pero ahora está la Librería Norberto. Encuentro un libro de Rilke, Versos de un joven poeta. Discuten allí la primera publicación de una periodista muy importante en el país sobre un caso de violencia de género y abuso de poder. Es sobre un escándalo del alcalde del pueblo más rico en la isla, que forma parte del partido político azul, partido que los Fonalledas apoyan con donaciones y compras de terreno por la mitad del precio justo sin irse a subasta y con contrato directo…

            Antes de llegar allí había entrado a una tienda de espejuelos, pero, aunque tengo que llevarlos puestos todo el tiempo, me aburrí rápidamente porque me parecieron todas las monturas iguales y ridículamente caras para algo que debería ser económicamente accesible al ser una necesidad médica con la cual no puedes ni guiar, ni trabajar, ni vivir…

           Por eso la gente prefiere ahora comprar los espejuelos online, como muchas otras cosas, ¿qué hará el centro comercial para sobrevivir? ¿Morirá el centro comercial? De seguro los viejitos continuarán yendo a la “Terraza” a sentarse allí a jugar dominó y a ver a la gente pasar. De seguro continuarán los viejitos yendo a plaza a hacer ejercicios en tenis ortopédicos y bastó. ¿Pero cuando la última generación de viejitos del mall desaparezca?

          Las tiendas se cansarán de lanzar especiales, la nieve artificial caerá para ningún niño en la plaza central, Santa Claus solo se tomará fotos con los mismos duendes que trabajan con él.

          Ya es hora de moverse a otra economía que no sea la de entregarle todo nuestro dinero y nuestros impuestos a un solo centro económico y a una sola familia que domina el monopolio. Ya es hora de devolverle las calles a los pedestres y que se promueva un tipo de espacio comercial al aire libre, como el Paseo De Diego, tan muerto en Rio Piedras, o las plazas de mercado.

        Al final, después de caminar durante una hora y media en el centro comercial, me compré un té frio de hibiscos y mangó en Starbucks y estuve al menos quinceminutos buscando mi guagua en el multipisos. Me había equivocado de piso y la guagua estaba en el piso de abajo. Cuando la encontré al fin, un guardia en motora de guardia palito en centro comercial me dio tremendo susto cuando se paró frente a mí y me dijo:

– “ah, le había dicho por walkie talkie al compañero que estaba sonando la alarma de una guagua, que bueno que la encontraste”.

–  respondí confundida …

“sí sí, es que me equivoqué de piso, gracias”.

    sonreí, me monté en la guagua y puse el aire acondicionado al máximo.

¡Qué calor!

Soy hija del capitalismo aplastante.

PARA ESCUCHAR … “dame un momento pa’ probar de que estoy echo oh oh eh eh …” 

CÓRTAME LA SOMBRA

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“Quiero vivir sin verme.
Y hormigas y vilanos,
soñaré que son mis
hojas y mis pájaros.” – Canción del naranjo – Federico García Lorca

 

I

Espero el autobús fielmente a las seis de la tarde. Los pájaros negros danzan en el cielo. Las horas con calor son eternas. Un hombre se sienta a mi lado. Lee un libro corto y se ve muy metido en la lectura. – ¿Qué lees? – le pregunto, porque la curiosidad me lleva a todas partes, y el hombre se levanta del asiento y declama en voz alta:

“Leñador,

Córtame la sombra

Líbrame del suplicio

De verme sin toronjas”

 

El hombre de chaqueta oscura y cuello alto lee a Lorca, un poema a las naranjas.

-La sombra me persigue- añade el hombre al final cuando termina de leer.

– ¿Qué sombra? –

-la sombra de los días que no estoy con ella, hace dos meses que se fue-

– ¿qué paso con ella?

-consiguió trabajo fuera y se fue del país. –

-entiendo, lo siento mucho por ti, pero que bien por ella ¿no? –

El hombre sonríe.

– ¿Te gustaría un café? hay uno a la vuelta de la esquina-

-claro, vamos-

Ese día perdí el autobús y nunca llegué a casa.

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II

Ahora soy un árbol al que le pesa la sombra y me han quitado todas las naranjas. Esa tarde cuando acepté la invitación del hombre al café, el hombre me contó que era leñador y que tenía una finca de árboles de naranjo. Luego del café, el hombre me invitó a ver la finca que quedaba a las fueras de la ciudad; acepté. La finca parecía infinita de árboles, un espectáculo a la luz del crepúsculo. Aún quedaba tiempo de luz por ser verano así que hicimos un recorrido visitando los árboles favoritos del leñador.

-Aquí esta mi madre enterrada- comentó el leñador.

-en este otro esta mi primera esposa- añadió.

-aquí, mi hija- continuó.

-aquí en este, mi segunda esposa- no dijo nada.

Llegamos al último árbol, el más cerca de la casa. No quise preguntar porque ya me sospechaba la respuesta. En ese árbol de seguro estaba la esposa que se fue a trabajar fuera del país. Hasta ese momento no había caído en cuenta de la situación. Sí, estaba con el leñador, el asesino en serie mas buscado del país. Hace dos meses hubo una joven reportada como desaparecida. La última vez que la vieron fue en la parada de autobús.

-Aquí yace la tercera esposa, fue una mentira blanca eso de que se fue fuera del país a trabajar. Tú serás la siguiente- dijo con voz tranquila y apaciguada.

Yo no podía respirar. No había escapatoria.

-voy a cortar tu cabeza. Es la única manera de liberarte de tu sombra-

– ¿mi sombra? ¿De qué hablas? estás loco-

-la puedo ver detrás del iris de tus ojos, tu no quieres estar viva y esa sombra te persigue. Yo te haré el favor-

Intenté correr, pero fue en vano. Todo oscureció. Se acabó.

Ahora mi cabeza es también raíz de árbol de naranjo.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

PARA ESCUCHAR

Marta Gomez – Canción del naranjo (Lorca)

 

 

LA ERA DEL CALL CENTER

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Bienvenidos al norte del piso décimo con vista a las luces ciegas de la ciudad. Durante las noches trabajo en un call center.

Mi turno de diez de la noche a siete de la mañana acumula ojeras violetas, dolores de estómago, bostezos inconclusos y lecturas fragmentadas e interrumpidas…

por las llamadas de los insomnes caribeños que se bebieron la pastilla de dormir, pero que todavía no les ha hecho efecto. El call center es un centro de muerte.

Bienvenidos a las sillas que moldean tu espalda en U; ya parezco una silla con ruedas si me miran de lado.

La hora muerta es la hora de las risas a carcajadas; tenemos sueño y las palabras salen borrachas de la boca.

Hay unos que estudian durante el día y no duermen nunca, hay otros que beben café como si fuera agua. Somos un manojo de ojeras y movimientos motrices a paso lento; perezosos al ataque con teclado y ratón.

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A veces camino en mi hora del break y doy vueltas por todo el piso para calmar las ganas de romper una ventana con una silla de oficina, lanzarme al vacío y respirar libre, al fin. Se que todos allí se sienten asfixiados, unos más que otros, pero todos, si pudieran, también se tirarían por la ventana

…o cogerían un paperclip y lo pegarían al enchufe de la computadora, y se volverían una con ella; se electrocutarían.

Lo curioso es que la mayoría de los que están allí son artistas peor pues, las cosas están malas y hay que comer y pagar las deudas…  Yo escribo, por ejemplo, hay otros que son diseñadores gráficos, otros artistas plásticos, otros clowns de circos, otros maquillistas profesionales, otros malabaristas de ideas y filósofos, otros trabajan con números y calculan la magia.

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El call center esta veinticuatro horas, siete días a la semana, y no es mejor por el día que durante la noche, en el día las ganas de matarte serán más fuertes; durante la noche serás un búho solitario insomne con cara de zombi y estarás tan casado que también querrás matarte o al menos beberte la botella completa de vino tinto que dejaste en la nevera, a pesar de que sean las seis de la mañana y tengas que ir a trabajar otra vez a las nueve de la noche.

El tiempo muerto lo despejo con distopías, con poemas de la biblioteca, con 1984, con Idea vilariño y Lovercraft. Cada hora me levanto y voy al baño porque la principal función del frio de nevera del edificio es proteger a la computadora, no al pedazo de carne que se sienta frente a ella.

La era del call center es la era de los milleanials y de los centennials recién nacidos en mil noviecientos noventa y siete;

la tecnología es una extensión neuronal en nuestras cabezas y el call center lo sabe.

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El lunes de la semana anterior tomaba un baño y de la oreja me saqué un cable del largo de un 1cm. Parecía que tenía una bocina diminuta en uno de los extremos del cable y en el otro, un conector color dorado que sobresalía. En recursos humanos me explicaron que estaba en mi contrato la implantación de tecnología que, según las necesidades de la empresa, sea en beneficio de la misma. Me reemplazaron el cable por otro.

El call center es un verano infernal con aire acondicionado y comida chatarra a un dólar accesible 24/7. Muérete.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

MUSICA PARA ESCUCHAR:

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban Score: The Knight Bus

 

Los niños arqueólogos

     La playa puede ser a veces un lugar de encuentros misteriosos.

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Caminaba por la playa del malecón de La Perla y me encontré con un niño arqueólogo. Sí. Un niño arqueólogo que vive allí.

Suelo ir a veces a esa esquinita de playa a meditar y a escuchar las olas del mar. Nunca hay nadie, pero tan pronto comencé a caminar por la playa, vi al niño desde lejos. Yo quería estar sola, así que ver a un niño aparecido era un inconveniente. Decidí sentarme en contra de la pared de una infraestructura abandonada, encender un cigarrillo y simplemente esperar a que el niño pasara y lo siguiera de largo. Pero el niño no se fue.

El niño excavaba con su bastón de palo de madera en la arena.

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Y así excavó hasta que llegó a estar bien cerca de mí y de la pared.

El niño me pidió ayuda con la arena para encontrar a un cangrejito de caparazón dorado que el mismo había enterrado. De la arena sacaba rocas, caracoles, vidrio molido, metal oxidado de barcos españoles o barcos piratas holandeses. No me quedó remedio que empezar a ayudarle. Me contó que vive hace poco en La Perla con sus padres y su hermana mayor. Debe tener unos diez años. Mientras excavábamos, el niño arqueólogo se dedicó a describirme los objetos fantásticos que ha encontrado en la playa. Una vez encontró una cabeza humana, según su descripción, le pregunté si tenía piel o carne la cabeza y me dijo que no, que solo eran huesos, así que encontró una calavera humana con los ojos puestos al lado y otros huesos del cadáver, que debió haber estado enterrado ya hace mucho tiempo.

– “¿Y qué hiciste? ¿Se lo dijiste a tus padres?”,

“Sí y le pegaron fuego a los huesos y los volvieron a enterrar”.

En otra ocasión con su detector de metales encontró una pistola con moho,

-“la boté para el mar”.

– “es lo mejor que pudiste hacer”- le dije.

-“También hace dos semanas mataron a dos y yo encontré las dos pailas de pintura con las cabezas adentro y la pistola al lado”.

Hubo silencio.

          “Deberías ser arqueólogo, ¿sabes lo que es un arqueólogo”?

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–“no”,

– “es un científico que se dedica a encontrar objetos debajo de la tierra para poder saber la historia de los humanos, podrías encontrar huesos de dinosaurios o huesos de indios taínos”.

“Una vez mi hermana me contó que en Caimito había una niña en el bosque y que a esa niña vino una nave de aliens y se la llevó. Ya debe de ser de un alien ella también”.

Otro silencio.

El niño excavaba en la arena mientras yo le contestaba las preguntas de qué era cada cosa que encontraba,

– “esto es plástico, esto puede ser carbón, esto es una pastilla, no te la comas…”

– “te la llevas para que la analices, puede ser una droga”,

– “claro”.

 “Una vez encontré aquí los huesos de un perro”. “También una vez encontré un pez brincando en la arena, cogí fuego y lo prendí”.

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Al rato el niño comenzó a reírse y a señalar algo detrás de mi espalda,

– “vienes con un bastón, ¿qué haces aquí?” preguntó intrigado mientras continuaba sonriendo.

Llegó otro niño  con un bastón largo de palo en la mano derecha; en la mano izquierda cargaba una paila azul de pintura. Se detuvo y le dijo al primer niño arqueólogo sentado frente a mí,

– “no excaves tan profundo que hay muchos huesos de perros, hace dos días se murieron dos chiquitos”.

La tarde cayó. Me despedí de los niños arqueólogos y les dije:

“no hagan muchas maldades, y que no encuentren muchos cadáveres de perros”.

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De camino a casa no dejaba de pensar en los niños arqueólogos, jugando con huesos de calaveras y viendo tanta muerte a flor de piel de arena, tan frente al mar azul caribe que es la sala de su casa. Los niños arqueólogos de la orilla, niños invisibles. Si yo hubiera sido la niña del bosque de Caimito, también me hubiera ido en la nave con los aliens y les hubiera dicho que pararan en la playa del Malecón de La Perla.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

PARA ESCUCHAR:

g.f. haendel – water music

MI OSCURO PASAJERO

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Mi oscuro pasajero me acompaña todos los días desde el 2014 desde que nací en el 91’ desde que me engendraron en el 90’. Mi oscuro pasajero se llama polvo blanco, se llama cajita de fósforo encendido, se llama tengo el alma prendida en fuego. Mi oscuro pasajero, el que marca mis ojeras, el que no me deja dormir nunca porque no quiero soñar con él, se llama puño en la cara, depresión, psicosis. Mi oscuro pasajero se suicidó en el 2014 con pastillas opioides porque es que la quinta es la vencida. Mi oscuro pasajero fue un rebelde, un rockero ochentero que le encantaba Ozzy Osbourne y fumar porros, y beber Heineken, y meterse perico para seguir escuchando Journey, y fumar más porros y beber más cerveza. Mi oscuro pasajero, no es un hombre, pero es oscuro y me parió. Mi oscuro pasajero escapó a los 17 años de casa y a los 26 me tuvo de un padre alcohólico que le encantaba jugar a los puños con su barriga de: “es nena ¿verdad? mira que esplayá’”. Mi oscuro pasajero es la sombra, es la pesadez, es el fondo inacabable de la tristeza que cargo en mis ojos. Mi oscuro pasajero se llamó Ida, y fue mi madre.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

Sometimes she was just an actress
But you’ll never really know
A shadow moves across her face
You cannot see her soul
Unless she lets you
See her soul

 

 

 

EL QUE JUEGA CON FUEGO

Salgo del trabajo con la ansiedad a tope, con ganas de mandarlo todo a la mierda e irme al carajo. Me monto en el carro y enciendo un cigarrillo rojo e inhalo profundo el humo como si fuera un pez fuera del agua. Decido ir a un lugar secreto que conozco al cual a veces voy a distraerme con la vista panorámica de la ciudad. Desde ahí puedo ver el edificio donde trabajo.

Confieso que a veces me siento sobre la grama a mirar el horizonte e imagino que ante mis ojos el edificio estalla en mil pedazos y yo salto de alegría y hasta lloro de la emoción.

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Para llegar allí tienes que subir una cuesta en dirección a la “Hacienda Los Matojales”, y rápido a la derecha hay un estacionamiento y un cartel que dice: “Mirador La Torre”.

Me estaciono y camino rápido por la cera para entrar al mirador; muero de ansias de fumarme otra cigarrillo. Me gusta visitar este lugar porque nunca hay nadie, de hecho, el lugar esta clausurado; nadie sabe las verdaderas razones de porqué lo cerraron, pero la gente del barrio no deja de repetir que lo cerraron porque alguien murió ahí, no se sabe si a propósito o accidental. Yo no hago caso a los rumores. Camino para sentarme en el lugar de siempre y cuando estoy a penas a cinco pasos veo un reguero de moscas concentradas en danzarle a una gallina negra muerta.

Frente a la gallina había un plato semi-hondo de madera que guardaba maíz seco y almendras. Parecía una ofrenda. Salí corriendo del lugar.

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No porque tuviera mala espina, solo por respeto, por no incumbir en la energía de un ritual comprometido con el sacrificio de una vida. Cuando llegué a casa le conté a mis compañeros de piso lo que había presenciado y ninguno pareció creerme del todo. Uno de ellos me dijo: “eso es mala suerte… ¿qué son las semillas?, comienzos, ¿qué es la gallina? muerte a esos comienzos. Mala suerte”. El otro compañero de piso me dijo que de seguro todo fue una casualidad y no una causalidad visual como creía. yo insistí en que lo que vi sí fue cierto así que prometí  volver al lugar a tomarle una foto a la gallina con el plato de madera y las semillas.

Al otro día cuando volví me encontré con lo inesperado. Ahora no solo estaba allí la gallina y el plato de madera, ahora estaba siendo testigo de cómo un algo, un ente, un quéseyo’ que parecía humano, pero no lo era, yo sentía que no lo era; ahora estaba viendo como ese quéseyo’, la cosa esa vestida de blanco, se comía la gallina y se echaba puñados de maíz y almendras a la boca.

Por instantes sordos que me parecieron infinitos, cruce miradas con este ser que tanto puede ser un demonio como un extraterrestre, cualquiera de las dos cosas, y vi el éxtasis en sus ojos mientras chupaba sangre del cuello de la gallina. Bajé la mirada, pero la criatura continúo comiendo con gusto.

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Retrocedí lentamente intentando hacer el menos ruido posible y cuando lo sentí propicio, salí corriendo del lugar. Cuando llegué a casa mentí y acepté que era verdad, que todo había sido una casualidad y que la gallina ya no estaba. Me recomendaron dejar de ver películas de terror.

Esa noche tuve el sueño más extraño. Soñé con una casucha que se encontraba en el medio de un valle rodeado de montañas y árboles. Llovía a cántaros y yo caminaba hacia la casucha; la tierra parecía que se iba a abrir en dos de tan fuerte que azotaba la lluvia contra el suelo. Cuando llegué a la casucha, la puerta de paja estaba abierta y al asomarme lo que vi fue una mesa larguísima y un hombre vestido de blanco sentado al final de la mesa. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre que estaba comiéndose lo que parecía un guisado de gallina con maíz y leche de almendra. En un parpadeo me vi sentada al lado del hombre.

El hombre de blanco comía a toda velocidad hasta que, de golpe, paró de comer, me miró directamente a los ojos y me dijo: “no eres la única a la que le gusta soñar con edificios prendidos en fuego”.

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Desperté sudando y con las manos temblorosas. Son las seis de la mañana y tengo que ir a trabajar. Me doy una ducha con agua caliente e intento ignorar las imágenes aleatorias y yuxtapuestas en mi cabeza del hombre, cosa, queseyo, demonio o extraterrestre que pareció visitarme la noche anterior. De camino al trabajo el noticiero mañanero interrumpe la música de la radio y escucho lo increíble: “nos acaban de informar que ahora mismo hay un edificio prendido en fuego, sí, me confirman que es el Banco Colonial, las seguridades nacionales advierten a los ciudadanos a no acercarse a la zona cero del desastre…”

Sorprendida por la noticia y sin saber qué hacer, decido volver a casa. Le escribo un mensaje a mi jefa preguntando qué hacer y contesta que me quede en casa, que me mantendrá informada. Le doy vueltas al sueño que tuve la noche anterior mientras me bebo un té de limón y me fumo un cigarrillo y me parece surreal y terrible.

 

CANCIÓN PARA ESCUCHAR:

THE USED-LIAR LIAR (BURN IN HELL)