A dos mil años luz

Madrugada delirio, madrugada de ensueño, luz de nuevas luces madrugadoras. Estoy entre despierta y dormida. Estoy alucinando que sueño y soñando que alucino con realidades próximas. Nadie está para levantarme. Nadie corre para despertarme, ni tan siquiera el tiempo.

Se cuela un rayo por el iris de mis ojos. Miro alrededor y lo que veo es agua y más agua; recuerdo que en mi sueño estaba en un desierto. No entiendo que sucedió. No sé qué paso. Cayeron las lluvias de mayo en enero. Se desmayaron las nubes en desolación y angustia cuando sintieron compasión por los hombres.

Todo está flotando en el cuarto, incluyéndome.

 Se posa una mosca sobre la punta de mi dedo gordo. La sábana que no me puedo quitar por el peso del agua es un oasis para ellas. Se cruzan las formas rectangulares que entran por las rendijas de la ventana y cuadriculan el cuarto. Los reflejos en el agua me ciegan de momento y no puedo ponerme los espejuelos porque la mesa de noche está flotando muy lejos de la cama. ¿Qué paso? Me asusta tirarme al lago que es mi cuarto. ¿Y si hay moscas porque hay muertos debajo de mi cama? ¿Y si hay agua porque hubo un fuego y mientras dormía lo apagaban? Más allá de la superficie no veo nada. ¿Y si hay iguanas peces y tiburones colmilludos en el fondo? Soy una cobarde.

No aguanto el peso de las sábanas que me cubren de la cintura para abajo. Intento mover las piernas pero es imposible. Comienzo a levantarme con fuerza para sacarme las sábanas de encima como placenta que cría bebes náuticos por nueve meses; como baba de caracol. Después de más de una hora peleando con el peso, lanzo las sábanas por fin fuera de la cama. Mis piernas tienen puntitos negros y verduzcos como de hongos. No sé cuánto tiempo habré estado dormida, ni cuánto tiempo hace que cayó tanta agua en este cuarto cerrado.

Miro de cerca y no son hongos. La mosca es la madre, y yo la muerta.

Mis piernas se han podrido y estan llenan de huevecillos. Mis uñas ni existen; son algas verdes oscuras y marrones. Y yo pensando tirarme al agua…

La ventana, que se había roto algún tiempo atrás, ahora es el verdadero barrote. Llegan sapos no sé de dónde. A veces siento que los niveles de agua bajan, pero a las horas vuelven a estar igual. Entendí que no podía hacer nada con mis piernas. Ya ni las siento y dejo de  mirarlas cada dos minutos. Yo que vivo en un edificio de apartamentos me pregunto qué ha pasado con los demás vecinos; cómo es que yo estoy aquí y nadie viene a rescatarme o a rescatarnos. No escucho nada. Es como si se hubiera acabado el mundo (como si supiera lo que es eso) y fuese yo la única sobreviviente, al menos de este edificio.

Y el agua. No hay explicación.

Tal vez se rompió un tubo. Me imagino todo el edificio sin agua y yo aquí pudriéndome de humedad entre orines, heces y cucarachas mutadas con adaptaciones de flotación marítima.

II

Así he estado siete días: los primeros seis viendo las moscas depositar sus huevos en las hendiduras de las llagas abiertas que eran mis piernas.

 Como y bebo de lo que alcanzo en la nevera cuando alguna marejada se digna en aliarse con el viento y lanzarme cerca. Mientras tanto, me esfuerzo en ingeniar un plan de escape. Hasta llego a creer que mis veinticuatro años de soledad se resumen en esta instantánea absurdidad.

Y pasó lo impensable.

Los huevecillos no eran huevecillos. Las moscas se habían dedicado, no a sobrevivir valiéndose de mis piernas como hogar para su progenie, sino a construir con mis piernas (o lo que quedaba de ellas) una cola de pez con escamas negras.

Pasó al séptimo día.

 El día anterior, como todos los días antes a ese, me había quedado profundamente dormida; exhausta de tanto intentar por horas abrir la ventana. Al séptimo día observo que no hay más moscas, miro mis piernas y ahí la veo, mi gran cola de escamas negras. Agarro una silla que está cerca de la cama y hago balance con mi cuerpo y mis manos para lanzarme a la silla. Desde allí logro con mi cola impulsarme hasta la puerta.

 Pego la oreja a la puerta y lo que escucho es un viento fuerte y siento el olor a sal que me inunda la nariz como un pase de coca. Abro la puerta y una ola gigante me voltea con todo y silla, y me lanza contra la ventana que no quería abrir sino hasta ahora. Caigo con un ruido sordo sobre el mar que ahora es la ciudad Sirénida; ciudad acuática en donde no soy la única con cola de pez.

 Tras el escándalo, llegan los policías, los bomberos y muchos curiosos. Yo estoy en estado de shock. ¿Cómo es que puedo respirar bajo el agua? Mientras tanto todos murmuran: ¿qué pasó?, ¿qué pasó?, ¿quién es ella?, tiene cola negra, ¿la vieron? Hubiera preferido seguir durmiendo, que me ahogara soñando aunque fuera con arena.

Unos sirénidos uniformados me toman de los brazos y me llevan hasta la ambulancia. Allí los paramédicos miden mi pulso y escuchan los latidos de mi corazón. También observan de cerca mis escamas negras tornasoladas que reflejan la luz del sol. Esto es trabajo de las moscas, ¿ves que bien están hechas? le dice un sirénido a otro con una lupa especial pequeñísima en una mano y agarrando mi cola con la otra. Intento preguntar que sucede pero ni me miran a la cara con sus ojos brotados de peces sirénidos; ni tan siquiera preguntan por mi nombre.

 Empieza a llegar más gente sirénida (todos desnudos) hasta que llega alguien importante porque todos empiezan a gritar en ovación. Me sacan de la camilla y me llevan a una pequeña plaza que hay cerca. Un hombre con una cola bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien larga y machucada por todas partes, comienza a hablar:

      Aquí tenemos el resultado que demuestra que las inversiones en la  tecnología de rescate arqueológico han dado frutos. Todos me dijeron “loco” cuando les hablé de entrenar moscas para que identificaran las especies sapiens sapiens extintas después del supra tsunami que nos arropó hace más de dos mil años. Todos me señalaron y dijeron que no valía la pena unirse al esfuerzo mundial de seguir buscando a nuestros antecesores, pero aquí está la prueba. Ella, la última sapiens sapiens encontrada al momento, fue de vuelta a la vida después de más de dos mil años encerrada en ese edificio abandonado que acaba de estallar y está aquí respirando con nosotros. Todo gracias a las moscas cirujanas que le construyeron su cola de escamas negras para identificarla como especia extinta,  reconstruyeron su sistema respiratorio adaptándolo al agua, y lo más importante, su cerebro con toda la información de entonces. Suponemos que es como si hubiera despertado de un sueño.

Me dirigen a la pequeña tarima improvisada mientras el líder o gobernador, o como sea que se organizan ahora, sigue hablando sobre las moscas, y como estas me salvaron y no sé qué. Ahora resulta que las tenía hasta en el cerebro…

 … por tanto, me complazco en presentarles a nuestra próxima adquisición para la sala: Sapiens Sapiens, en nuestro museo: Nuevas Américas. Y sin olvidarme de nuestras heroínas, (y todas las moscas se posaron en su gran cola larga), reconozco la labor de nuestras hermanas moscas con una palangana de mis heces personales. Gracias a todos, y no olviden pasar por el museo a apreciar nuestra nueva adquisición.

Me nombraron Lucy.

Ahora vivo en un museo al lado de la sala que exhibe a los semíes y a los tainos sirénidos.

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Lucia es una asesina

I

Lucia Cyborg’s Client service

Abro los ojos a la misma hora. Mi cerebro esta sincronizado con la alarma digital que tengo en la mesa de noche (lo primero que hice cuando compré el reloj fue escanear mi muñeca izquierda en el dispositivo electrónico que se encuentra en la parte inferior de la alarma). Abro los ojos justo a las 6:30 am, una hora antes para comenzar un día de trabajo rutinario conectada al teléfono. Vivo en un complejo de apartamentos donde también viven las otras Lucia’s compañeras de trabajo. Todas nos llamamos Lucia, de la firma, Lucia Cyborg’s Client Service, compañía dedica a ofrecer servicios a empresas corporativas facilitando la mano de obra. Yo fui creada en una fábrica, mitad humano y mitad máquina y soy la Lucia 1116. A veces guardo recuerdos de mi parte humana, pero por lo general son sueños sin sentido o memorias que no logro reconocer. Todas las Lucia venimos de mujeres humanas que por resultado de alguna enfermedad, accidente, decisión propia u obligación legal, firmaron contrato con Lucia Cyborg’s Client Service, con la promesa de comenzar una nueva vida y no permitir que en el proceso se deteriorara el cuerpo. 

“féminas obsesionadas con la estética más que con la ética”, 

así mismo lo dice el folleto de orientación … 

Todas las Lucia sabemos que venimos de una fábrica y que estamos diseñadas a base de un cuerpo humano para ejercer cierto tipo de función y trabajo. Mi trabajo como el de todas las Lucia que viven en mi complejo de apartamentos, es atender al cliente en un centro de llamada. No todas entramos a las 6:30 am; los turnos se rotan porque aunque seamos cíborgs , llevamos una vida normal, como cualquier cíborg trabajador ciudadano del mundo. 

Así que me levanto, voy al baño y descargo los líquidos acumulados durante la noche. Retiro el envase y el líquido rojovioleta recorre la pared blanca del lavamanos, se acumula en la rejilla de metal y forma un mini torbellino hasta que desaparece por el tubo del desagüe. Lavo mis dientes con una pasta azul metálica para pulir mi sonrisa y enciendo la ducha para darme un baño caliente de aceite anticorrosivo y rosas. El uniforme es una falda gris desde la cintura hasta debajo de la rodilla, camisa de manga larga blanca de botones y líneas verticales acentuada con unos tacos negros de punta fina. Todas llevamos el pelo recogido en un moño alto. La gran mayoría tenemos el pelo negro rizado y la tez trigueña. Nadie tiene la tez blanca como las jefas de la unidad y las supervisoras inmediatas. esas sí, esas son todas rubias, blancas y esbeltas, con ojos azules o verdes. Las he escuchado mientras hablan entre ellas sobre peróxido y aditivos postizos para verse más humanas, y de sus esposos cíborgs y amantes humanos. Una vez en el pasillo escuché a una de ellas comentar: “mi amante humano es mucho mejor en la cama, mi esposo cíborg, ni siquiera con la actualización de máquina sexual premium por el cual pagó miles de metálicos en el spa coreano, me complace como mi amante humano que me hace sentir humana”. 

Primera parte de la serie: Lucia es una asesina

Otro relato sobre María, el huracán

imagen parte de la tirilla cómica Pepito y los huracanes, por Harold Lopez & Anibal Quinones, publicado en Noticel 20180427
https://www.noticel.com/pepito/pepito-y-los-huracanes/727122460

Otro relato sobre María, el huracán

(al final, no me fui, sigo en la isla con la tribu)

Escrito en 30 de octubre de 2017

(María te cambia hasta las sombras)

la isla esta sin luz y yo solo quiero irme. La gente postea que no es valiente el que se va, que solo en la isla se queda “la tribu” con su gente. A veces me pregunto si ha existido alguna vez lo que dicen identidad puertorriqueña, y es que nunca nos hemos definido, y todos solo saben hablar de ser blanco, negro o indio. Otros se piensan “americanos” porque tienen la ciudadanía, ciudadanía que te dieron para que fueras a la guerra y ahora, luego de una devastación a causa del Huracán, somos considerados ciudadanos de segunda categoría, no somos capaces de hacer nada por nosotros mismos, dice el presidente del imperio, y aquí ni ya se puede beber agua porque te puedes enfermar. El abuelo de una compañera de trabajo murió porque se envenenó con orín de ratón . Ella dice que su abuelo era fuerte, que caminaba de un pueblo a otro; era un hombre de campo, de sembrar, imagino que con manos curtidas. Ella dice que el huracán se lo llevó.

Trajeron morgues militares y las instalaron en los hospitales que antes tenían límite para dos y ahora aumentó a diecisiete.

Cuando el presidente Trump visitó la isla dijo que seis muertes no eran nada comparado con la verdadera destrucción de Katrina, como si la muerte de un ser humano, de un puertorriqueño, no valiera nada, pues ahora aumentó a más de cuarenta (según el gobernador… pero no hay peor ciego que el no quiere ver).

La gente se está envenenando.

No hay agua.

No hay luz.

Las ayudas no llegan.

No eliminan la ley jones.

No nos perdonan la deuda.

La emigración a Florida en los últimos tres días ha sido de diez mil personas.

Pienso en irme. Pienso en abandonar el trabajo que no me gusta, la universidad, la crisis, la preocupación, el miedo, la frustración, la incertidumbre, la incertidumbre, la incertidumbre.

Han aumentado los suicidios.

La gente se deprime más.

Yo no hago mas que trabajar conectada a una máquina contestando llamadas ocho horas.

Es agotador.

Es drenante.

Y así me siento. Cansada. Triste. Con unas ganas hijas de puta de irme pal carajo, de saltar el charco y ya. Yo creo en mi isla, yo amo la tierra que me parió pero también somos humanos del mundo. Quiero creer en eso.

Si vuelvo quiero vivir en el oeste, pal carajo la” ciudad”, pal carajo la urbe. Si me voy en tres meses me voy y hago el viaje espiritual que siempre quise, y me voy a Tailandia y a la india a visitar templos. Lo que necesito es sacar el pasaje y ahorrar … Después de eso, tal vez este un mes viajando, me busco un lugar donde quedarme y tener un trabajo por un tiempo y no sé, no sé. No quiero un full time sentada en una silla todo el día. No quiero sentirme atada a una estabilidad invisible que siempre me cuestiono: Es una ilusión, es una utopía, pero la verdad es vivimos en la distopía, esta isla esta de puta de madre, lo absurdo es la orden del día, y las tirillas de Pepito lo demuestran.

Algarete. Hay que reírse. La sátira es necesaria. Hasta el jefe militar lo ha aceptado, la movilización del imperio en el intento de ayudarnos en el desastre no ha sido efectiva, todavía seguimos en estado de emergencia, han enviado la mitad de soldados de los que han mandado en otras catástrofes. Fema y su burocracia atrasa todo aun más. La economía está estancada, y si antes había crisis, ahora hay crisis humanitaria.

A mí en esta isla, solo me quedan lágrimas, ganas de morirme. Recordar a mi madre que ya no está, pensar en mi hermano que nunca se si estará hoy vivo y mañana muerto, mi abuela que ya no se acuerda de las cosas, mi tía que está más loca que una cabra, mi abuelo que no me habla, porque nunca hablamos más allá de cómo me va en el trabajo y si volví a la universidad. No sé quién es y él tampoco me conoce. Nunca fui apegada a ninguna familia. Lo que tenía que perder ya lo perdí, hasta mi casa con todos mis libros en el huracán. Así que me voy.

Je suis emprisonner

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Esta historia fue escrita hace tres años cuando trabajaba en una cafetería.

3:55am. Llegué del trabajo hace tal vez unos 20 minutos. El gerente de turno me invitó dos cervezas cuando salimos de la tienda a las 1:40am.

(life if just a matter of connections, about touchables things. Je crois que les etoiles brillent pour nous, pour vous et pour moi. La vida es un rollo de película que va muy rápido).

Hablamos de las pastillas.

Le dije que perdí a mi mamá a causa de ellas, intentando explicarle porque prefería fumar pasto. Mencionar su muerte me da el poder de decir, yo sé de lo que hablo, las fucking pastillas nos tienen hecho mierda. Las farmacéuticas se enriquecen a causa de las enfermedades del pobre, y de paso, te matan poco a poco.

Les temps de la vie n’existent pas. Es imaginario, hasta el dolor. Han pasado dos años y aun no lo creo. La verdad pienso que a nadie le importa, que hay mucho sufrimiento en el mundo para andar preocupándose por la muerte de cualquier mujer pobre en la última colonia del mundo. Tampoco me interesa victimizarme. Mi interés en su muerte es más literario, también antropológico. Me intrigan las reacciones de las personas cuando les cuento. No es juego y tampoco es que no me duela, creo que ha sido mi modo de sanar ver el mundo desde afuera, entenderlo en la macro-visión de la existencia. Su muerte es un ejemplo de las pésimas circunstancias económicas y sociales que brindan accesos a uno y a otros no, a los ricos sí y a los pobres no. Mi único escape tal vez fue mi curiosidad por aprender cosas nuevas.

Personas claves fueron grandes precursores de mis intereses académicos. En algún momento pensé ser matemática incluso (tal vez no esté todavía del todo descartado) o hasta física, pero las letras pudieron más. La tinta me tragó con toda su gravedad orbital. Con cierta razón. Hay cosas que no se deben olvidar y que ayudan a recordar, y quizás recordarle a otro con la escritura que no estamos solos, que hay muchos otros que han vivido lo mismo que tú.

Con su muerte entendí pocas cosas y me quedaron muchas dudas con las que cargo todos los días. Siento que no sé nada de ella. De adulta todo se convirtió en un torbellino que culminó en su muerte, de ahí no recuerdo más.

No recuerdo mi niñez, tal pocas cosas. No recuerdo que haya sido “una buena niñez”, porque ni sé que significa. Aunque recuerdo bien su complicidad, el que haya sido una amiga, ella para mí, y yo para ella, a pesar de las circunstancias. Perder un amigo es también una muerte dolorosa. ¿Pero siempre se pierden no? We die every second. Morimos, muero, con cada tecleo de cada letra de este escrito sobre la muerte de lo que te da vida. La vida es eso mismo, morir.

(On doit mourir pour entendre la libertè.

Elle est libre et je suis emprisonner.)

Las dos cervezas terminaron a las tres de la mañana.

 

Para escuchar … de sus canciones favoritas.

 

 

 

 

UNA MUJER BOCABAJO

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013 OBRA 8

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013
OBRA 8. artecontemporaneoecuador.com/pamela-pazmino/

Despierto incomoda sin saber por qué. Sigo dando vueltas en la cama para lograr dormirme de nuevo y no puedo. Pienso que hace unos días había leído en una revista en internet que si te despiertas en medio de la noche y no puedes dormir, lo mejor es levantarse, salir del cuarto e irse a otra parte de la casa a leer un libro, por ejemplo. Es cuestión de desasociar el cuerpo y acostumbrarle a que la cama es solo para dormir y no para ver televisión, que eso es siempre lo que hago. “Técnicas para evitar las noches de insomnio”, leía el artículo.

Me levanto como quiera. Miro el reloj y son las tres y diez de la madrugada. No es la primera vez que me levanto cerca de esta hora. Es la hora en la que se abren los portales del infierno y los espíritus malignos rondan el camino de los vivos. Me siento en el balcón a leer. Me llevo un libro que he estado leyendo hace una semana sobre como con el control de la memoria y del pasado podría un dictador político alterar el presente y el futuro a su conveniencia. Enciendo un cigarrillo. Afuera llueve y hace frio. Si pudiera controlar la memoria y el pasado, tal vez no sería quien soy hoy ni tuviera la carne trigueña que tengo ni el pelo rizado oscuro que tengo ni los pies pequeños que tengo. Abro el libro en la página trescientos once. Ahora el libro va sobre la policía del pensamiento, control, desviación mental de la población. El viento comienza a soplar fuerte y los arbustos del jardín se sacuden eléctricos. Pierdo la página que estaba leyendo con una ráfaga de viento que golpea el libro. El viento es tan fuerte que me arrebata el cigarrillo de los dedos. Empiezo a buscar otro en la cajetilla y en eso escucho un grito desgarrador. Es un grito de mujer que viene de la cocina. Me levanto de la silla, pero cuando voy a entrar la puerta se cierra en mi cara de un golpe. El grito se repite de nuevo y esta vez mas fuerte, como si la mataran a cuchillazos. Mi corazón comienza a palpitar a millón. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

 Salgo a correr debajo del aguacero que golpea mi cuerpo hasta llegar a la casa vecina. El viento se pone aún más bravo y comienza una tormenta eléctrica; luz blanca y azul retumbando el cielo. Toco la puerta desesperada, pero nadie abre. Torno la cerradura y me doy cuenta de que la puerta está abierta. La abro con cuidado y me muevo con sigilo ¡hasta que escucho el grito otra vez! ahora en la cocina. De seguro si alguien pusiera un espejo frente a mí yo parecería un fantasma del susto. Esto parece una pesadilla. Tiemblo y me sudan las manos. Camino aún más lento. La casa esta oscura por completo, pero una pequeña luz de vela emana de la cocina. Al llegar, la luz de la vela ilumina la sombra del cuerpo sobre el suelo. Una mujer bocabajo.

En el piso hay una mujer convulsando. Volteo el cuerpo boca arriba; veo que tiene los ojos en blanco y espuma le sale por la boca. Detrás de mí escucho el golpe seco de vidrios rotos.

Despierto incomoda. No recuerdo nada de lo que soñé pero tengo un dolor de cabeza que no me deja ni sentir la luz de la lámpara de noche. Son las tres y diez de la madrugada. Tengo la leve sensación de algo ya vivido, déjà vécu. Decido salir al balcón a fumarme un cigarrillo y a leer un poco más de la novela distópica que me acompaña desde hace una semana. El grito de una mujer en la cocina me interrumpe.

” Y en un rincón de aquel infierno vive la llama que aun resiste, que no pudieron apagar…”

El ex en reply (II parte de Maldita heteronormatividad)

El ex en reply llegó más queer que nunca. Parece que el año en Portland siendo un punko skinhead le abrió el espíritu a conocer otras aguas, who knows. Hace un año apareció antes de irse del país y esta vez cuando volvió me confesó:

“.. no fuiste el último polvo que tuve antes de irme”.

 Siempre he apreciado su honestidad … como te la hacen creer, ¿no? y el en full disclousure de:

 “Esta es una jeva que tengo aquí en PR”,

 cuando le suena el teléfono en medio de la conversación, confirmando lo que ya se sabe…

 “si no me cogió el teléfono ayer …”, me dice, y desliza la pantalla para la izquierda y engancha la llamada.

 No te preocupes papito, que yo estoy aquí para cuando ninguna de la lista de tus contactos te coja el teléfono porque es que hay masoquistas que adoramos el punk love en reply.

Siempre vuelve. Si se pelea con la jeva, vuelve, si esta borracho y espitiao’ y no consiguió felpa esa noche, vuelve (pero yo no le contesto), si llama a la jeva de turno y no le contesta … vuelve. Lo recibo con las puertas abiertas y dejo que se ahogue en el mar profundo de mis piernas, que se deshaga de lo que le duele, que me muerda el alma y la abrase. Me desborda.

 “I indulge myself with you”, le digo.

Eres el bacon triple de mcdonald

que no debo comer

pero que cuando estoy triste

me lo jalto‘.

 Eres el volcán de church

que me como

cuando estoy ovulando

y necesito chocolate

de vida o muerte.

 Eres el chichaito con medalla

que tanto odio y amo a la vez,

en ese orden.

Mofongo de pollo guisao’

a las siete de la mañana.

Mogolla de galletas export sodas

y mantequilla.

Tripleta en pan de mallorca

para bajar la borrachera.

 Eres la cajetilla de

 winstons o malboros que

me fumo cuando estoy pica’.

 Eso eres.

El exceso,

el desenfreno,

 la lujuria de tenerte adentro

 y voltear los ojos

 y no saber dónde estoy,

 nunca más.

¿Los tantristas lo sentirán así?

 Me pregunto cuando

 llegaremos al Nirvana.

O tal vez así se siente

cuando haces heroína

y te caes al piso.

Me contó que su ex jeva (no por la que me dejó hace dos años …) soñó que habían tenido una bebe juntos y que ahora ella no lo deja de llamar … que sigue intentando quitarse de la coca pero que estar en PR es la perdición … que lo botaron del trabajo pero que ahora va a trabajar en la industria del cannabis. Que tiene treinta años.

“Yo cumplo veintiocho ya mismo”, digo.  

  “¿y cómo vas a tener un bebé si no puedes ni contigo mismo?”, le cuestiono.

Tal vez el ex en reply piensa que la salvación se encuentra en la utopía de la familia. Lo único que aplaudí fue a una ex jeva transexual que le rompió el corazón.

Me despide con un beso de “quisiera quedarme”.

 Le digo adios como si se fuera para la guerra fría y estuviéramos en una película romántica de 1950.

Acepto que nunca estaremos juntos porque merezco algo mejor.

 Prefiero que sea así, en reply una sola vez al año.

Ahora voy a comprarme el bacon triple que prometí no comerme después de escribir esto.

PARA ESCUCHAR …
“Descubrir al girar
que no hay sangre ni amor
y aunque puedas flotar
humo no es calor …”

¡Maldita heteronormatividad! y de porqué lo bloqueaste en IG

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I

Rompe el ciclo. Rompe el ciclo. Aléjate. Deja de seguirlo. ¿para qué? No contribuye en nada. Un polvo idílico, utópico. Las cosas demasiado buenas nunca duran lo suficiente, son fugaces, tú lo sabes. Pero te duele. ¿orgullo? ¿celos? ¿en donde caben? Solo fueron dos meses, un honeymoonfase y después te dejó porque seguía queriendo a su ex, así de fácil. Y después te lo tiraste antes de que se fuera del país porque …

 ¿Te dio penita? después del huracán …

 O es porque simplemente estas locas y repites patrones sin darte cuenta y te metes con mediocres manipuladores emocionales…

Para colmo le encanta la cocaína y beber …

Igualito al último esposo de tu madre antes de que ella muriera, o se hiciera morir a ella misma, nadie quiere saber. Tienes que dejarlo ir.

II

Creo que esa de la foto en el storie de él es la novia, la última novia con la que estuvo, por la que se fue del país … para colmo trabaja donde trabajas y hasta creo que la has visto en Tinder y le has dado like… no sé porque le sigues dando casco a la cosa. ¿Esto fue cuando? ¿en el 2017? Joder. Te frustra haberlo pasado tan rico y que después de él, no hayas encontrado a nadie con la dedicación y paciencia con la que él te complacía en todo …

Las historias nunca son duales, no existe el ying/yang, ni nada es blanco y negro, la zona gris de esta historia es que no has conocido a nadie que te coma y te complazca como él.

El descubrió el punto.

 Te hizo consciente de las muchas veces que podías venirte si querías.

Abrió la fuente.

Nadie la ha vuelto a abrir, no como él.

Te comió tan bien que se alimentó de tu energía por dos meses y luego, ¡Zas!:

 “Ya no puedo seguir contigo porque sigo queriendo a mi ex”, algo que sabíamos desde el principio …

 Desde el inicio le propusiste ser fuck partners para tú tener la libertad de seguir compartiendo con otras personas y que él tuviera el espacio de resolver con su ex, pero no, él quería que tu estuvieras con él de forma“exclusiva” mientras él seguía hablando con su ex y seguía con el Tinder on fire. Te tuvo a tientas dos meses en el vacío del placer y cuando reclamaste el derecho de tener ese placer con otros/as, te dejaron caer en picada libre. Su ex se las pegaba, el se las pegaba a su ex…¿por qué seguir en ciclos tóxicos de pegaeras y cuernos si podemos vivir felices los tres, los cuatro …?

Lo bloqueaste en IG porque te duele el silencio, porque sabes que nunca te quiso y porque te duele haber sido tan tonta de creer que te iba a querer tanto, al punto de retar su masculinidad posesiva.

Maldita heteronormatividad tóxica.

 Malditos los social medias, ventanas a la nostalgia mísera.

Para escuchar … 

Hija del capitalismo aplastante

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Como parte del curso de redacción: crónica en Plaza Las Américas

I.
Este año Plaza Las Américas celebra cincuenta años de apertura. Desde 1967, cuando los hermanos Fonalledas decidieron construir el primer centro comercial en el país, Plaza las Américas ha sido el “centro de todos”, para la comunidad y la familia.

       Caminar por los pasillos infinitamente laberínticos es un reto, siempre me pierdo. He caminado todo el centro comercial en busca de algo tan y tan específico que nunca encuentro nada porque me rindo de caminar. Mi sentido de dirección en el mall es pésimo. Y qué decir del estacionamiento: 4 de las 5 veces que voy al mall al año, nunca encuentro mi auto en el mar ridículo de carros estacionados unos al lado de otros, ocupando espacio nulo de gratis.

     A veces pienso que, si tal vez se pudieran construir avenidas al aire libre con comercios a ambos lados en todas las tierras ocupadas por los   multipisos, y si tal vez se tuviera una planificación de movilidad ideada para la accesibilidad del transporte público, no tuviera que venir al mall en auto ni perdería tiempo buscando una kia soul gris en el medio de la nada. Hay que volver a apropiarse de las calles. El centro comercial promueve un estilo de compra en masas que solo le beneficia al centro comercial.

       ¿Qué hace que este centro comercial sea el más importante en el caribe, siendo parte del monopolio Plaza del Caribe en Ponce, Tres Monjitas, Starbucks, Cream & Softy, y otras compañías de retail y de realty?

     Cae nieve artificial en la plaza central y Santa Claus se toma fotos con los hijos queridos del 84% de los puertorriqueños del área metropolitana que lo visitan. Aunque la isla sea 100×35, relativamente pequeña, al crecer en Aibonito, pueblo en el centro sureste de la isla, nunca fui a Plaza Las Américas de niña ni de adolescente. Aunque de seguro fue parte de las salidas con amigos y las fotos en MySpace de mucha gente de mi generación, para mí el mall más lejos que podía visitar siempre fue el de Las Catalinas en el pueblo de Caguas y si era que el carro no se nos apagaba en la autopista.

       La economía del país se sostiene en lo que representa Plaza Las Américas:  comunidad, arte, familia. Brinda la ilusión de orden, de que todo está bien, aun después del huracán María y de la depresión económica que sufre la isla, al menos los jóvenes que aún restan en la isla (que viven o semudan a San Juan) pueden trabajar al mínimo y con condiciones inestables de empleo. Al menos puedes ir y sentarte en la fuente frente a Macys, que gracias al financiamiento más grande que ha hecho el primer banco del gobierno en la historia, de doscientosciecuentamil, fue traído a ustedes, a los consumidores más agresivos de las islas mayores y menores del mar caribe.

II.

         Ya no está Borders, pero ahora está la Librería Norberto. Encuentro un libro de Rilke, Versos de un joven poeta. Discuten allí la primera publicación de una periodista muy importante en el país sobre un caso de violencia de género y abuso de poder. Es sobre un escándalo del alcalde del pueblo más rico en la isla, que forma parte del partido político azul, partido que los Fonalledas apoyan con donaciones y compras de terreno por la mitad del precio justo sin irse a subasta y con contrato directo…

            Antes de llegar allí había entrado a una tienda de espejuelos, pero, aunque tengo que llevarlos puestos todo el tiempo, me aburrí rápidamente porque me parecieron todas las monturas iguales y ridículamente caras para algo que debería ser económicamente accesible al ser una necesidad médica con la cual no puedes ni guiar, ni trabajar, ni vivir…

           Por eso la gente prefiere ahora comprar los espejuelos online, como muchas otras cosas, ¿qué hará el centro comercial para sobrevivir? ¿Morirá el centro comercial? De seguro los viejitos continuarán yendo a la “Terraza” a sentarse allí a jugar dominó y a ver a la gente pasar. De seguro continuarán los viejitos yendo a plaza a hacer ejercicios en tenis ortopédicos y bastó. ¿Pero cuando la última generación de viejitos del mall desaparezca?

          Las tiendas se cansarán de lanzar especiales, la nieve artificial caerá para ningún niño en la plaza central, Santa Claus solo se tomará fotos con los mismos duendes que trabajan con él.

          Ya es hora de moverse a otra economía que no sea la de entregarle todo nuestro dinero y nuestros impuestos a un solo centro económico y a una sola familia que domina el monopolio. Ya es hora de devolverle las calles a los pedestres y que se promueva un tipo de espacio comercial al aire libre, como el Paseo De Diego, tan muerto en Rio Piedras, o las plazas de mercado.

        Al final, después de caminar durante una hora y media en el centro comercial, me compré un té frio de hibiscos y mangó en Starbucks y estuve al menos quinceminutos buscando mi guagua en el multipisos. Me había equivocado de piso y la guagua estaba en el piso de abajo. Cuando la encontré al fin, un guardia en motora de guardia palito en centro comercial me dio tremendo susto cuando se paró frente a mí y me dijo:

– “ah, le había dicho por walkie talkie al compañero que estaba sonando la alarma de una guagua, que bueno que la encontraste”.

–  respondí confundida …

“sí sí, es que me equivoqué de piso, gracias”.

    sonreí, me monté en la guagua y puse el aire acondicionado al máximo.

¡Qué calor!

Soy hija del capitalismo aplastante.

PARA ESCUCHAR … “dame un momento pa’ probar de que estoy echo oh oh eh eh …” 

CÓRTAME LA SOMBRA

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“Quiero vivir sin verme.
Y hormigas y vilanos,
soñaré que son mis
hojas y mis pájaros.” – Canción del naranjo – Federico García Lorca

 

I

Espero el autobús fielmente a las seis de la tarde. Los pájaros negros danzan en el cielo. Las horas con calor son eternas. Un hombre se sienta a mi lado. Lee un libro corto y se ve muy metido en la lectura. – ¿Qué lees? – le pregunto, porque la curiosidad me lleva a todas partes, y el hombre se levanta del asiento y declama en voz alta:

“Leñador,

Córtame la sombra

Líbrame del suplicio

De verme sin toronjas”

 

El hombre de chaqueta oscura y cuello alto lee a Lorca, un poema a las naranjas.

-La sombra me persigue- añade el hombre al final cuando termina de leer.

– ¿Qué sombra? –

-la sombra de los días que no estoy con ella, hace dos meses que se fue-

– ¿qué paso con ella?

-consiguió trabajo fuera y se fue del país. –

-entiendo, lo siento mucho por ti, pero que bien por ella ¿no? –

El hombre sonríe.

– ¿Te gustaría un café? hay uno a la vuelta de la esquina-

-claro, vamos-

Ese día perdí el autobús y nunca llegué a casa.

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II

Ahora soy un árbol al que le pesa la sombra y me han quitado todas las naranjas. Esa tarde cuando acepté la invitación del hombre al café, el hombre me contó que era leñador y que tenía una finca de árboles de naranjo. Luego del café, el hombre me invitó a ver la finca que quedaba a las fueras de la ciudad; acepté. La finca parecía infinita de árboles, un espectáculo a la luz del crepúsculo. Aún quedaba tiempo de luz por ser verano así que hicimos un recorrido visitando los árboles favoritos del leñador.

-Aquí esta mi madre enterrada- comentó el leñador.

-en este otro esta mi primera esposa- añadió.

-aquí, mi hija- continuó.

-aquí en este, mi segunda esposa- no dijo nada.

Llegamos al último árbol, el más cerca de la casa. No quise preguntar porque ya me sospechaba la respuesta. En ese árbol de seguro estaba la esposa que se fue a trabajar fuera del país. Hasta ese momento no había caído en cuenta de la situación. Sí, estaba con el leñador, el asesino en serie mas buscado del país. Hace dos meses hubo una joven reportada como desaparecida. La última vez que la vieron fue en la parada de autobús.

-Aquí yace la tercera esposa, fue una mentira blanca eso de que se fue fuera del país a trabajar. Tú serás la siguiente- dijo con voz tranquila y apaciguada.

Yo no podía respirar. No había escapatoria.

-voy a cortar tu cabeza. Es la única manera de liberarte de tu sombra-

– ¿mi sombra? ¿De qué hablas? estás loco-

-la puedo ver detrás del iris de tus ojos, tu no quieres estar viva y esa sombra te persigue. Yo te haré el favor-

Intenté correr, pero fue en vano. Todo oscureció. Se acabó.

Ahora mi cabeza es también raíz de árbol de naranjo.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

PARA ESCUCHAR

Marta Gomez – Canción del naranjo (Lorca)

 

 

LA ERA DEL CALL CENTER

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Bienvenidos al norte del piso décimo con vista a las luces ciegas de la ciudad. Durante las noches trabajo en un call center.

Mi turno de diez de la noche a siete de la mañana acumula ojeras violetas, dolores de estómago, bostezos inconclusos y lecturas fragmentadas e interrumpidas…

por las llamadas de los insomnes caribeños que se bebieron la pastilla de dormir, pero que todavía no les ha hecho efecto. El call center es un centro de muerte.

Bienvenidos a las sillas que moldean tu espalda en U; ya parezco una silla con ruedas si me miran de lado.

La hora muerta es la hora de las risas a carcajadas; tenemos sueño y las palabras salen borrachas de la boca.

Hay unos que estudian durante el día y no duermen nunca, hay otros que beben café como si fuera agua. Somos un manojo de ojeras y movimientos motrices a paso lento; perezosos al ataque con teclado y ratón.

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A veces camino en mi hora del break y doy vueltas por todo el piso para calmar las ganas de romper una ventana con una silla de oficina, lanzarme al vacío y respirar libre, al fin. Se que todos allí se sienten asfixiados, unos más que otros, pero todos, si pudieran, también se tirarían por la ventana

…o cogerían un paperclip y lo pegarían al enchufe de la computadora, y se volverían una con ella; se electrocutarían.

Lo curioso es que la mayoría de los que están allí son artistas peor pues, las cosas están malas y hay que comer y pagar las deudas…  Yo escribo, por ejemplo, hay otros que son diseñadores gráficos, otros artistas plásticos, otros clowns de circos, otros maquillistas profesionales, otros malabaristas de ideas y filósofos, otros trabajan con números y calculan la magia.

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El call center esta veinticuatro horas, siete días a la semana, y no es mejor por el día que durante la noche, en el día las ganas de matarte serán más fuertes; durante la noche serás un búho solitario insomne con cara de zombi y estarás tan casado que también querrás matarte o al menos beberte la botella completa de vino tinto que dejaste en la nevera, a pesar de que sean las seis de la mañana y tengas que ir a trabajar otra vez a las nueve de la noche.

El tiempo muerto lo despejo con distopías, con poemas de la biblioteca, con 1984, con Idea vilariño y Lovercraft. Cada hora me levanto y voy al baño porque la principal función del frio de nevera del edificio es proteger a la computadora, no al pedazo de carne que se sienta frente a ella.

La era del call center es la era de los milleanials y de los centennials recién nacidos en mil noviecientos noventa y siete;

la tecnología es una extensión neuronal en nuestras cabezas y el call center lo sabe.

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El lunes de la semana anterior tomaba un baño y de la oreja me saqué un cable del largo de un 1cm. Parecía que tenía una bocina diminuta en uno de los extremos del cable y en el otro, un conector color dorado que sobresalía. En recursos humanos me explicaron que estaba en mi contrato la implantación de tecnología que, según las necesidades de la empresa, sea en beneficio de la misma. Me reemplazaron el cable por otro.

El call center es un verano infernal con aire acondicionado y comida chatarra a un dólar accesible 24/7. Muérete.

© DERECHOS RESERVADOS 2018

 

MUSICA PARA ESCUCHAR:

Harry Potter and the Prisoner of Azkaban Score: The Knight Bus