A dos mil años luz

Madrugada delirio, madrugada de ensueño, luz de nuevas luces madrugadoras. Estoy entre despierta y dormida. Estoy alucinando que sueño y soñando que alucino con realidades próximas. Nadie está para levantarme. Nadie corre para despertarme, ni tan siquiera el tiempo.

Se cuela un rayo por el iris de mis ojos. Miro alrededor y lo que veo es agua y más agua; recuerdo que en mi sueño estaba en un desierto. No entiendo que sucedió. No sé qué paso. Cayeron las lluvias de mayo en enero. Se desmayaron las nubes en desolación y angustia cuando sintieron compasión por los hombres.

Todo está flotando en el cuarto, incluyéndome.

 Se posa una mosca sobre la punta de mi dedo gordo. La sábana que no me puedo quitar por el peso del agua es un oasis para ellas. Se cruzan las formas rectangulares que entran por las rendijas de la ventana y cuadriculan el cuarto. Los reflejos en el agua me ciegan de momento y no puedo ponerme los espejuelos porque la mesa de noche está flotando muy lejos de la cama. ¿Qué paso? Me asusta tirarme al lago que es mi cuarto. ¿Y si hay moscas porque hay muertos debajo de mi cama? ¿Y si hay agua porque hubo un fuego y mientras dormía lo apagaban? Más allá de la superficie no veo nada. ¿Y si hay iguanas peces y tiburones colmilludos en el fondo? Soy una cobarde.

No aguanto el peso de las sábanas que me cubren de la cintura para abajo. Intento mover las piernas pero es imposible. Comienzo a levantarme con fuerza para sacarme las sábanas de encima como placenta que cría bebes náuticos por nueve meses; como baba de caracol. Después de más de una hora peleando con el peso, lanzo las sábanas por fin fuera de la cama. Mis piernas tienen puntitos negros y verduzcos como de hongos. No sé cuánto tiempo habré estado dormida, ni cuánto tiempo hace que cayó tanta agua en este cuarto cerrado.

Miro de cerca y no son hongos. La mosca es la madre, y yo la muerta.

Mis piernas se han podrido y estan llenan de huevecillos. Mis uñas ni existen; son algas verdes oscuras y marrones. Y yo pensando tirarme al agua…

La ventana, que se había roto algún tiempo atrás, ahora es el verdadero barrote. Llegan sapos no sé de dónde. A veces siento que los niveles de agua bajan, pero a las horas vuelven a estar igual. Entendí que no podía hacer nada con mis piernas. Ya ni las siento y dejo de  mirarlas cada dos minutos. Yo que vivo en un edificio de apartamentos me pregunto qué ha pasado con los demás vecinos; cómo es que yo estoy aquí y nadie viene a rescatarme o a rescatarnos. No escucho nada. Es como si se hubiera acabado el mundo (como si supiera lo que es eso) y fuese yo la única sobreviviente, al menos de este edificio.

Y el agua. No hay explicación.

Tal vez se rompió un tubo. Me imagino todo el edificio sin agua y yo aquí pudriéndome de humedad entre orines, heces y cucarachas mutadas con adaptaciones de flotación marítima.

II

Así he estado siete días: los primeros seis viendo las moscas depositar sus huevos en las hendiduras de las llagas abiertas que eran mis piernas.

 Como y bebo de lo que alcanzo en la nevera cuando alguna marejada se digna en aliarse con el viento y lanzarme cerca. Mientras tanto, me esfuerzo en ingeniar un plan de escape. Hasta llego a creer que mis veinticuatro años de soledad se resumen en esta instantánea absurdidad.

Y pasó lo impensable.

Los huevecillos no eran huevecillos. Las moscas se habían dedicado, no a sobrevivir valiéndose de mis piernas como hogar para su progenie, sino a construir con mis piernas (o lo que quedaba de ellas) una cola de pez con escamas negras.

Pasó al séptimo día.

 El día anterior, como todos los días antes a ese, me había quedado profundamente dormida; exhausta de tanto intentar por horas abrir la ventana. Al séptimo día observo que no hay más moscas, miro mis piernas y ahí la veo, mi gran cola de escamas negras. Agarro una silla que está cerca de la cama y hago balance con mi cuerpo y mis manos para lanzarme a la silla. Desde allí logro con mi cola impulsarme hasta la puerta.

 Pego la oreja a la puerta y lo que escucho es un viento fuerte y siento el olor a sal que me inunda la nariz como un pase de coca. Abro la puerta y una ola gigante me voltea con todo y silla, y me lanza contra la ventana que no quería abrir sino hasta ahora. Caigo con un ruido sordo sobre el mar que ahora es la ciudad Sirénida; ciudad acuática en donde no soy la única con cola de pez.

 Tras el escándalo, llegan los policías, los bomberos y muchos curiosos. Yo estoy en estado de shock. ¿Cómo es que puedo respirar bajo el agua? Mientras tanto todos murmuran: ¿qué pasó?, ¿qué pasó?, ¿quién es ella?, tiene cola negra, ¿la vieron? Hubiera preferido seguir durmiendo, que me ahogara soñando aunque fuera con arena.

Unos sirénidos uniformados me toman de los brazos y me llevan hasta la ambulancia. Allí los paramédicos miden mi pulso y escuchan los latidos de mi corazón. También observan de cerca mis escamas negras tornasoladas que reflejan la luz del sol. Esto es trabajo de las moscas, ¿ves que bien están hechas? le dice un sirénido a otro con una lupa especial pequeñísima en una mano y agarrando mi cola con la otra. Intento preguntar que sucede pero ni me miran a la cara con sus ojos brotados de peces sirénidos; ni tan siquiera preguntan por mi nombre.

 Empieza a llegar más gente sirénida (todos desnudos) hasta que llega alguien importante porque todos empiezan a gritar en ovación. Me sacan de la camilla y me llevan a una pequeña plaza que hay cerca. Un hombre con una cola bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien bien larga y machucada por todas partes, comienza a hablar:

      Aquí tenemos el resultado que demuestra que las inversiones en la  tecnología de rescate arqueológico han dado frutos. Todos me dijeron “loco” cuando les hablé de entrenar moscas para que identificaran las especies sapiens sapiens extintas después del supra tsunami que nos arropó hace más de dos mil años. Todos me señalaron y dijeron que no valía la pena unirse al esfuerzo mundial de seguir buscando a nuestros antecesores, pero aquí está la prueba. Ella, la última sapiens sapiens encontrada al momento, fue de vuelta a la vida después de más de dos mil años encerrada en ese edificio abandonado que acaba de estallar y está aquí respirando con nosotros. Todo gracias a las moscas cirujanas que le construyeron su cola de escamas negras para identificarla como especia extinta,  reconstruyeron su sistema respiratorio adaptándolo al agua, y lo más importante, su cerebro con toda la información de entonces. Suponemos que es como si hubiera despertado de un sueño.

Me dirigen a la pequeña tarima improvisada mientras el líder o gobernador, o como sea que se organizan ahora, sigue hablando sobre las moscas, y como estas me salvaron y no sé qué. Ahora resulta que las tenía hasta en el cerebro…

 … por tanto, me complazco en presentarles a nuestra próxima adquisición para la sala: Sapiens Sapiens, en nuestro museo: Nuevas Américas. Y sin olvidarme de nuestras heroínas, (y todas las moscas se posaron en su gran cola larga), reconozco la labor de nuestras hermanas moscas con una palangana de mis heces personales. Gracias a todos, y no olviden pasar por el museo a apreciar nuestra nueva adquisición.

Me nombraron Lucy.

Ahora vivo en un museo al lado de la sala que exhibe a los semíes y a los tainos sirénidos.

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Lucia es una asesina

I

Lucia Cyborg’s Client service

Abro los ojos a la misma hora. Mi cerebro esta sincronizado con la alarma digital que tengo en la mesa de noche (lo primero que hice cuando compré el reloj fue escanear mi muñeca izquierda en el dispositivo electrónico que se encuentra en la parte inferior de la alarma). Abro los ojos justo a las 6:30 am, una hora antes para comenzar un día de trabajo rutinario conectada al teléfono. Vivo en un complejo de apartamentos donde también viven las otras Lucia’s compañeras de trabajo. Todas nos llamamos Lucia, de la firma, Lucia Cyborg’s Client Service, compañía dedica a ofrecer servicios a empresas corporativas facilitando la mano de obra. Yo fui creada en una fábrica, mitad humano y mitad máquina y soy la Lucia 1116. A veces guardo recuerdos de mi parte humana, pero por lo general son sueños sin sentido o memorias que no logro reconocer. Todas las Lucia venimos de mujeres humanas que por resultado de alguna enfermedad, accidente, decisión propia u obligación legal, firmaron contrato con Lucia Cyborg’s Client Service, con la promesa de comenzar una nueva vida y no permitir que en el proceso se deteriorara el cuerpo. 

“féminas obsesionadas con la estética más que con la ética”, 

así mismo lo dice el folleto de orientación … 

Todas las Lucia sabemos que venimos de una fábrica y que estamos diseñadas a base de un cuerpo humano para ejercer cierto tipo de función y trabajo. Mi trabajo como el de todas las Lucia que viven en mi complejo de apartamentos, es atender al cliente en un centro de llamada. No todas entramos a las 6:30 am; los turnos se rotan porque aunque seamos cíborgs , llevamos una vida normal, como cualquier cíborg trabajador ciudadano del mundo. 

Así que me levanto, voy al baño y descargo los líquidos acumulados durante la noche. Retiro el envase y el líquido rojovioleta recorre la pared blanca del lavamanos, se acumula en la rejilla de metal y forma un mini torbellino hasta que desaparece por el tubo del desagüe. Lavo mis dientes con una pasta azul metálica para pulir mi sonrisa y enciendo la ducha para darme un baño caliente de aceite anticorrosivo y rosas. El uniforme es una falda gris desde la cintura hasta debajo de la rodilla, camisa de manga larga blanca de botones y líneas verticales acentuada con unos tacos negros de punta fina. Todas llevamos el pelo recogido en un moño alto. La gran mayoría tenemos el pelo negro rizado y la tez trigueña. Nadie tiene la tez blanca como las jefas de la unidad y las supervisoras inmediatas. esas sí, esas son todas rubias, blancas y esbeltas, con ojos azules o verdes. Las he escuchado mientras hablan entre ellas sobre peróxido y aditivos postizos para verse más humanas, y de sus esposos cíborgs y amantes humanos. Una vez en el pasillo escuché a una de ellas comentar: “mi amante humano es mucho mejor en la cama, mi esposo cíborg, ni siquiera con la actualización de máquina sexual premium por el cual pagó miles de metálicos en el spa coreano, me complace como mi amante humano que me hace sentir humana”. 

Primera parte de la serie: Lucia es una asesina

Niña intergaláctica

Space Queen Fire by Craig Snodgrass

se nubló la sonrisa de

niña intergaláctica.

ya no está ni la sombra

 del adiós más profundo.

todos son cenizas

todo es hasta nunca

todo es árbol milenario

envejecido.

solo hay un buda gordo de madera

                                                en el altar

solo hay una foto desgastada

en el librero

solo hay optar por aprehenderse

animal solitario

verdugo de la soledad.

“And they all want to love the cause
They all need to be the cause
They all want to dream a cause
They all need to fuck the cause…”

Otro relato sobre María, el huracán

imagen parte de la tirilla cómica Pepito y los huracanes, por Harold Lopez & Anibal Quinones, publicado en Noticel 20180427
https://www.noticel.com/pepito/pepito-y-los-huracanes/727122460

Otro relato sobre María, el huracán

(al final, no me fui, sigo en la isla con la tribu)

Escrito en 30 de octubre de 2017

(María te cambia hasta las sombras)

la isla esta sin luz y yo solo quiero irme. La gente postea que no es valiente el que se va, que solo en la isla se queda “la tribu” con su gente. A veces me pregunto si ha existido alguna vez lo que dicen identidad puertorriqueña, y es que nunca nos hemos definido, y todos solo saben hablar de ser blanco, negro o indio. Otros se piensan “americanos” porque tienen la ciudadanía, ciudadanía que te dieron para que fueras a la guerra y ahora, luego de una devastación a causa del Huracán, somos considerados ciudadanos de segunda categoría, no somos capaces de hacer nada por nosotros mismos, dice el presidente del imperio, y aquí ni ya se puede beber agua porque te puedes enfermar. El abuelo de una compañera de trabajo murió porque se envenenó con orín de ratón . Ella dice que su abuelo era fuerte, que caminaba de un pueblo a otro; era un hombre de campo, de sembrar, imagino que con manos curtidas. Ella dice que el huracán se lo llevó.

Trajeron morgues militares y las instalaron en los hospitales que antes tenían límite para dos y ahora aumentó a diecisiete.

Cuando el presidente Trump visitó la isla dijo que seis muertes no eran nada comparado con la verdadera destrucción de Katrina, como si la muerte de un ser humano, de un puertorriqueño, no valiera nada, pues ahora aumentó a más de cuarenta (según el gobernador… pero no hay peor ciego que el no quiere ver).

La gente se está envenenando.

No hay agua.

No hay luz.

Las ayudas no llegan.

No eliminan la ley jones.

No nos perdonan la deuda.

La emigración a Florida en los últimos tres días ha sido de diez mil personas.

Pienso en irme. Pienso en abandonar el trabajo que no me gusta, la universidad, la crisis, la preocupación, el miedo, la frustración, la incertidumbre, la incertidumbre, la incertidumbre.

Han aumentado los suicidios.

La gente se deprime más.

Yo no hago mas que trabajar conectada a una máquina contestando llamadas ocho horas.

Es agotador.

Es drenante.

Y así me siento. Cansada. Triste. Con unas ganas hijas de puta de irme pal carajo, de saltar el charco y ya. Yo creo en mi isla, yo amo la tierra que me parió pero también somos humanos del mundo. Quiero creer en eso.

Si vuelvo quiero vivir en el oeste, pal carajo la” ciudad”, pal carajo la urbe. Si me voy en tres meses me voy y hago el viaje espiritual que siempre quise, y me voy a Tailandia y a la india a visitar templos. Lo que necesito es sacar el pasaje y ahorrar … Después de eso, tal vez este un mes viajando, me busco un lugar donde quedarme y tener un trabajo por un tiempo y no sé, no sé. No quiero un full time sentada en una silla todo el día. No quiero sentirme atada a una estabilidad invisible que siempre me cuestiono: Es una ilusión, es una utopía, pero la verdad es vivimos en la distopía, esta isla esta de puta de madre, lo absurdo es la orden del día, y las tirillas de Pepito lo demuestran.

Algarete. Hay que reírse. La sátira es necesaria. Hasta el jefe militar lo ha aceptado, la movilización del imperio en el intento de ayudarnos en el desastre no ha sido efectiva, todavía seguimos en estado de emergencia, han enviado la mitad de soldados de los que han mandado en otras catástrofes. Fema y su burocracia atrasa todo aun más. La economía está estancada, y si antes había crisis, ahora hay crisis humanitaria.

A mí en esta isla, solo me quedan lágrimas, ganas de morirme. Recordar a mi madre que ya no está, pensar en mi hermano que nunca se si estará hoy vivo y mañana muerto, mi abuela que ya no se acuerda de las cosas, mi tía que está más loca que una cabra, mi abuelo que no me habla, porque nunca hablamos más allá de cómo me va en el trabajo y si volví a la universidad. No sé quién es y él tampoco me conoce. Nunca fui apegada a ninguna familia. Lo que tenía que perder ya lo perdí, hasta mi casa con todos mis libros en el huracán. Así que me voy.

Je suis emprisonner

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Esta historia fue escrita hace tres años cuando trabajaba en una cafetería.

3:55am. Llegué del trabajo hace tal vez unos 20 minutos. El gerente de turno me invitó dos cervezas cuando salimos de la tienda a las 1:40am.

(life if just a matter of connections, about touchables things. Je crois que les etoiles brillent pour nous, pour vous et pour moi. La vida es un rollo de película que va muy rápido).

Hablamos de las pastillas.

Le dije que perdí a mi mamá a causa de ellas, intentando explicarle porque prefería fumar pasto. Mencionar su muerte me da el poder de decir, yo sé de lo que hablo, las fucking pastillas nos tienen hecho mierda. Las farmacéuticas se enriquecen a causa de las enfermedades del pobre, y de paso, te matan poco a poco.

Les temps de la vie n’existent pas. Es imaginario, hasta el dolor. Han pasado dos años y aun no lo creo. La verdad pienso que a nadie le importa, que hay mucho sufrimiento en el mundo para andar preocupándose por la muerte de cualquier mujer pobre en la última colonia del mundo. Tampoco me interesa victimizarme. Mi interés en su muerte es más literario, también antropológico. Me intrigan las reacciones de las personas cuando les cuento. No es juego y tampoco es que no me duela, creo que ha sido mi modo de sanar ver el mundo desde afuera, entenderlo en la macro-visión de la existencia. Su muerte es un ejemplo de las pésimas circunstancias económicas y sociales que brindan accesos a uno y a otros no, a los ricos sí y a los pobres no. Mi único escape tal vez fue mi curiosidad por aprender cosas nuevas.

Personas claves fueron grandes precursores de mis intereses académicos. En algún momento pensé ser matemática incluso (tal vez no esté todavía del todo descartado) o hasta física, pero las letras pudieron más. La tinta me tragó con toda su gravedad orbital. Con cierta razón. Hay cosas que no se deben olvidar y que ayudan a recordar, y quizás recordarle a otro con la escritura que no estamos solos, que hay muchos otros que han vivido lo mismo que tú.

Con su muerte entendí pocas cosas y me quedaron muchas dudas con las que cargo todos los días. Siento que no sé nada de ella. De adulta todo se convirtió en un torbellino que culminó en su muerte, de ahí no recuerdo más.

No recuerdo mi niñez, tal pocas cosas. No recuerdo que haya sido “una buena niñez”, porque ni sé que significa. Aunque recuerdo bien su complicidad, el que haya sido una amiga, ella para mí, y yo para ella, a pesar de las circunstancias. Perder un amigo es también una muerte dolorosa. ¿Pero siempre se pierden no? We die every second. Morimos, muero, con cada tecleo de cada letra de este escrito sobre la muerte de lo que te da vida. La vida es eso mismo, morir.

(On doit mourir pour entendre la libertè.

Elle est libre et je suis emprisonner.)

Las dos cervezas terminaron a las tres de la mañana.

 

Para escuchar … de sus canciones favoritas.

 

 

 

 

UNA MUJER BOCABAJO

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013 OBRA 8

Femicidio boca abajo, ink, spray and collage, 60cm x 150cm, 2013
OBRA 8. artecontemporaneoecuador.com/pamela-pazmino/

Despierto incomoda sin saber por qué. Sigo dando vueltas en la cama para lograr dormirme de nuevo y no puedo. Pienso que hace unos días había leído en una revista en internet que si te despiertas en medio de la noche y no puedes dormir, lo mejor es levantarse, salir del cuarto e irse a otra parte de la casa a leer un libro, por ejemplo. Es cuestión de desasociar el cuerpo y acostumbrarle a que la cama es solo para dormir y no para ver televisión, que eso es siempre lo que hago. “Técnicas para evitar las noches de insomnio”, leía el artículo.

Me levanto como quiera. Miro el reloj y son las tres y diez de la madrugada. No es la primera vez que me levanto cerca de esta hora. Es la hora en la que se abren los portales del infierno y los espíritus malignos rondan el camino de los vivos. Me siento en el balcón a leer. Me llevo un libro que he estado leyendo hace una semana sobre como con el control de la memoria y del pasado podría un dictador político alterar el presente y el futuro a su conveniencia. Enciendo un cigarrillo. Afuera llueve y hace frio. Si pudiera controlar la memoria y el pasado, tal vez no sería quien soy hoy ni tuviera la carne trigueña que tengo ni el pelo rizado oscuro que tengo ni los pies pequeños que tengo. Abro el libro en la página trescientos once. Ahora el libro va sobre la policía del pensamiento, control, desviación mental de la población. El viento comienza a soplar fuerte y los arbustos del jardín se sacuden eléctricos. Pierdo la página que estaba leyendo con una ráfaga de viento que golpea el libro. El viento es tan fuerte que me arrebata el cigarrillo de los dedos. Empiezo a buscar otro en la cajetilla y en eso escucho un grito desgarrador. Es un grito de mujer que viene de la cocina. Me levanto de la silla, pero cuando voy a entrar la puerta se cierra en mi cara de un golpe. El grito se repite de nuevo y esta vez mas fuerte, como si la mataran a cuchillazos. Mi corazón comienza a palpitar a millón. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

 Salgo a correr debajo del aguacero que golpea mi cuerpo hasta llegar a la casa vecina. El viento se pone aún más bravo y comienza una tormenta eléctrica; luz blanca y azul retumbando el cielo. Toco la puerta desesperada, pero nadie abre. Torno la cerradura y me doy cuenta de que la puerta está abierta. La abro con cuidado y me muevo con sigilo ¡hasta que escucho el grito otra vez! ahora en la cocina. De seguro si alguien pusiera un espejo frente a mí yo parecería un fantasma del susto. Esto parece una pesadilla. Tiemblo y me sudan las manos. Camino aún más lento. La casa esta oscura por completo, pero una pequeña luz de vela emana de la cocina. Al llegar, la luz de la vela ilumina la sombra del cuerpo sobre el suelo. Una mujer bocabajo.

En el piso hay una mujer convulsando. Volteo el cuerpo boca arriba; veo que tiene los ojos en blanco y espuma le sale por la boca. Detrás de mí escucho el golpe seco de vidrios rotos.

Despierto incomoda. No recuerdo nada de lo que soñé pero tengo un dolor de cabeza que no me deja ni sentir la luz de la lámpara de noche. Son las tres y diez de la madrugada. Tengo la leve sensación de algo ya vivido, déjà vécu. Decido salir al balcón a fumarme un cigarrillo y a leer un poco más de la novela distópica que me acompaña desde hace una semana. El grito de una mujer en la cocina me interrumpe.

” Y en un rincón de aquel infierno vive la llama que aun resiste, que no pudieron apagar…”

El ex en reply (II parte de Maldita heteronormatividad)

El ex en reply llegó más queer que nunca. Parece que el año en Portland siendo un punko skinhead le abrió el espíritu a conocer otras aguas, who knows. Hace un año apareció antes de irse del país y esta vez cuando volvió me confesó:

“.. no fuiste el último polvo que tuve antes de irme”.

 Siempre he apreciado su honestidad … como te la hacen creer, ¿no? y el en full disclousure de:

 “Esta es una jeva que tengo aquí en PR”,

 cuando le suena el teléfono en medio de la conversación, confirmando lo que ya se sabe…

 “si no me cogió el teléfono ayer …”, me dice, y desliza la pantalla para la izquierda y engancha la llamada.

 No te preocupes papito, que yo estoy aquí para cuando ninguna de la lista de tus contactos te coja el teléfono porque es que hay masoquistas que adoramos el punk love en reply.

Siempre vuelve. Si se pelea con la jeva, vuelve, si esta borracho y espitiao’ y no consiguió felpa esa noche, vuelve (pero yo no le contesto), si llama a la jeva de turno y no le contesta … vuelve. Lo recibo con las puertas abiertas y dejo que se ahogue en el mar profundo de mis piernas, que se deshaga de lo que le duele, que me muerda el alma y la abrase. Me desborda.

 “I indulge myself with you”, le digo.

Eres el bacon triple de mcdonald

que no debo comer

pero que cuando estoy triste

me lo jalto‘.

 Eres el volcán de church

que me como

cuando estoy ovulando

y necesito chocolate

de vida o muerte.

 Eres el chichaito con medalla

que tanto odio y amo a la vez,

en ese orden.

Mofongo de pollo guisao’

a las siete de la mañana.

Mogolla de galletas export sodas

y mantequilla.

Tripleta en pan de mallorca

para bajar la borrachera.

 Eres la cajetilla de

 winstons o malboros que

me fumo cuando estoy pica’.

 Eso eres.

El exceso,

el desenfreno,

 la lujuria de tenerte adentro

 y voltear los ojos

 y no saber dónde estoy,

 nunca más.

¿Los tantristas lo sentirán así?

 Me pregunto cuando

 llegaremos al Nirvana.

O tal vez así se siente

cuando haces heroína

y te caes al piso.

Me contó que su ex jeva (no por la que me dejó hace dos años …) soñó que habían tenido una bebe juntos y que ahora ella no lo deja de llamar … que sigue intentando quitarse de la coca pero que estar en PR es la perdición … que lo botaron del trabajo pero que ahora va a trabajar en la industria del cannabis. Que tiene treinta años.

“Yo cumplo veintiocho ya mismo”, digo.  

  “¿y cómo vas a tener un bebé si no puedes ni contigo mismo?”, le cuestiono.

Tal vez el ex en reply piensa que la salvación se encuentra en la utopía de la familia. Lo único que aplaudí fue a una ex jeva transexual que le rompió el corazón.

Me despide con un beso de “quisiera quedarme”.

 Le digo adios como si se fuera para la guerra fría y estuviéramos en una película romántica de 1950.

Acepto que nunca estaremos juntos porque merezco algo mejor.

 Prefiero que sea así, en reply una sola vez al año.

Ahora voy a comprarme el bacon triple que prometí no comerme después de escribir esto.

PARA ESCUCHAR …
“Descubrir al girar
que no hay sangre ni amor
y aunque puedas flotar
humo no es calor …”

PARA SUNREIR: POEMAS BAILABLES E IRREVERENTES

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I. La forma del fuego es el cigarrillo que prendo antes de ir a trabajar porque la ansiedad me mata.

La forma del fuego se

 esconde en la comisura

de la boca que callo,

en la lengua que muerdo,

                que sangra

                que arde.

Palabras de agua en llamas

salen de mi boca,

vapor de verbos que se esfuma.

La forma del fuego es imaginaria:

torre que se desploma,

agua que no hay

cuando hace sed.

La forma del fuego es

 la posibilidad de volver a ver

la mirada que ilumina caminos.

La forma del fuego

Es musgo en la lengua

 un

Cigarrillo en la boca.

PARA ESCUCHAR …

II. Corazón púrpura:

La historia de un amor de dos semanas y un rio escondido que tal vez nunca vuelva a ver.

Hombrecillo

de corazón purpura,

te quise tan y tan breve.

Hombrecillo

 de manos minúsculas

y pecho aterciopelado,

eché flores por la boca

por ti.

Cabra de monte,

Te desbocaste en mis caderas

Y dijiste que me querías:

Yo te creí un poco.

Yo te quise un poco.

PARA ESCUCHAR …

III. Un poema autometaficticio para los lectores imaginarios que me leen en el sector 2. Saludos.

Hace mucho que no escribo un poema

¿será que no hay más que decir?

¿Será que se me acabaron las rimas?

¿Será que me comieron la lengua?

Hace mucho que no tomo un lápiz

y escribo un poema.

El ultimo que escribí

fue sobre un hombrecillo

de corazón purpura,

y fue un poema tan breve

Como mi amor por él.

 Se esconde

y quema las pestañas

el poema imposible

de escribir.

Hace mucho que no escribo un poema

Pero siempre están ahí,

Los ojos oscuros que acechan.

PARA ESCUCHAR…